Adiós a uno de los mayores expertos del monte gallego, que vivió 102 años

Fernando Molina, pionero de la investigación forestal y también padre de familia numerosa, vivía en Pontevedra, donde se le dio el último adiós

Fernando Molina, en una foto de hace años
Fernando Molina, en una foto de hace años

Pontevedra / La Voz

Hasta cuatro folios enteros llenó hoy la Asociación Forestal de Galicia para tratar de resumir los logros académicos y profesionales de Fernando Molina Rodríguez, que falleció en Pontevedra a los 102 años. Normal que así fuese, ya que Molina lo fue todo en el monte gallego, desde pionero en la investigación forestal hasta director durante numerosos años del Centro de Investigación Forestal de Lourizán y, cómo no, fundador y presidente también de la Asociación Forestal de Galicia. Sin embargo, es probable que todos esos datos se resuman en una sola frase: el monte era su gran pasión y a él le dedicó buena parte de su larga vida. Molina fue también, junto con su mujer Margarita Martínez, creador de una amplia familia de cinco hijos, que ayer le dio el último adiós en Pontevedra, una ciudad a la que llegó para quedarse en el año 1947.

Fernando Molina, en realidad, era asturiano. Nació en Pravia en 1918 y en plena posguerra se desplazó a Madrid para cursar estudios de ingeniero de montes. En 1947, recaló en Pontevedra, y se convirtió en investigador del centro de Lourizán, que acabó dirigiendo. Desde ese puesto creó la escuela de capataces, la red meteorológica o inició líneas de investigación pioneras. Por ejemplo, contribuyó a la mejora genética del pino del país y del castaño. 

Nunca dejó de investigar ni de salir al campo. De hecho, en una de sus numerosas salidas por el monte gallego hizo importantes observaciones botánicas, edafológicas y sanitarias. De hecho, en el monte Pindo, determinó por primera vez una especie llamada Quercus subfruticosa

Ya jubilado, siguió ligado al mundo del monte, creando en 1986 la Asociación Forestal de Galicia. Fue su primer presidente y, tras cesar en el año 2000 a petición propia, ostentó un cargo honorífico. Llegó a soplar las velas de los 102 años. Y, ayer, con el inicio del mes de julio, su llama se apagó en Pontevedra. Su funeral estaba previsto para hoy por la mañana en la iglesia de San José de Campolongo. 

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