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De las «casas con fume» a las varas, así se reparten los beneficios del monte de uso común

maria cedron REDACCIÓN

FORESTAL

Imagen del monte comunal de Carballo, en Friol, donde los porcos celtas limpian el suelo
Imagen del monte comunal de Carballo, en Friol, donde los porcos celtas limpian el suelo OSCAR CELA

La superficie forestal gallega está repartida entre 450.000 propietarios particulares, 2.994 comunidades de montes en man común, 27 montes de varas y 132 de propiedad pública. Las fórmulas de reparto de rentas generadas son muy diferentes.

01 dic 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

¿Conocen la vieja teoría de Kevin Bacon? Dice que todos podemos llegar a estar conectados con cualquier otra persona del planeta en seis pasos. También, por supuesto, con el actor norteamericano. Verdadera o no, podría usarse para explicar la relación de los gallegos con el monte. Hagan la prueba. Puede que descubran su conexión con una parte de nuestro pulmón verde mucho antes de agotar esa media docena de pasos de los que habla la teoría. Y probablemente buscando en el desván encuentren algún legajo o manuscrito que de fe de los derechos de alguno de sus antepasados sobre alguna finca. Porque buena parte del desorden que reina aún el monte gallego se debe a manuscritos perdidos o de herederos que no han acudido al notario para actualizar la titularidad de las fincas.

No debería de extrañarles hallar esa relación con el monte porque la superficie forestal de Galicia está dividida entre más de 450.000 propietarios particulares, 2.994 comunidades de montes vecinales en man común y unos 27 montes de varas registrados. Solo 132 montes son de propiedad pública. Pero igual de plural que es la propiedad de esta parte del territorio en Galicia, también lo es su gestión y, como consecuencia, el modo de repartir los beneficios que genera entre unos dueños que, en un 80 % de los casos según los datos de la Asociación Forestal de Galicia, no tienen relación profesional con las actividades agrícolas. Algunas de las normas de reparto actuales proceden de otras de hace años, cuando los gallegos que vivían en las áreas rurales gozaban de una auténtica simbiosis con esos espacios.

Por eso ahora no es lo mismo tener derechos sobre un monte vecinal en man común que sobre un monte de varas (llamados además abertales, de fabeo o de voces). Esta última, por ejemplo, es una figura que sobrevive fundamentalmente en la montaña lucense y que ahora Medio Rural pretende regular con un registro público que constate los que quedan realmente a lo largo de todo el territorio.