¿Puede Galicia asumir la repoblación forestal con semillas propias?

Sumando el actual stock a los frutos entregados en lo que va de año a viveros forestales y productores, Medio Rural asegura que la comunidad es autosuficiente. Los dieciséis huertos de semillas de la Xunta han suministrado este 2019 más de 761 kilos de semillas, 270 de distintas especies de coníferas y 490 de frondosas como el roble o el abedul.

No es algo nuevo que las semillas son la garantía de la supervivencia de las especies. Son un tesoro. Y como tal hay que cuidarlo. Galicia tiene actualmente diciediséis huertos que ocupan una superfice total de 48 hectáreas donde produce semillas de mejora genética enfocadas a garantizar el suministro a viveros y productores forestales. Además, para cubrir la demanda del sector, técnicos de la Consellería de Medio Rural recorren zonas donde el crecimiento de los árboles resulta especialmente bueno para hacerse con lo que se llama material base del que luego se obtienen los frutos o semillas forestales para usar en silvicultura. Todo ese material acaba en Carballo, en el centro de semillas forestales Semfor Galicia, un secadero que lleva funcionando desde finales de los años cuarenta y que es la garantía de que hoy por hoy Galicia tenga suficiente planta de origen gallego para acometer la práctica totalidad de las repoblaciones al poder cubrir la demanda anual de frutos de las principales especies productoras de Galicia. Y todo cuidando al máximo la genética.

Cámara en la que se conservan las semillas en el Semfor de Carballo
Cámara en la que se conservan las semillas en el Semfor de Carballo

Esos fondos, que se guardan como oro enpaño en grandes cámaras frigoríficas, están al servicio de productores y viveros. De hecho, en lo que va de año Medio Rural ha distribuido a un «prezo competitivo» más de 761 kilos de semillas, 270 de distintas especies de coníferas y otros 490 de frondosas. La media anual es de unos 1.000 kilos de frondosas más otros 650 de pino.  

El conselleiro de Medio Rural, José González, entró en ese gran almacén y abrió sus puertas a los medios. Allí un montón de piñas se apilan en un cesto de metal en una de las salas del Semfor de Carballo. Muchas han llegado de Braxe, en Cedeira, donde se recolectan alrededor de 100 kilos de piñón al año, lo que implica como avanzan desde Medio Rural, el cultivo de más de 900.000 plantas de pino.

Ese es el primer huerto de pinus pinaster (pino del país) de categoría controlada de la Península ibérica. Puro orgullo gallego. Pero en las cestas también hay germen para plantar pinus radiata (pino insigne), o frondosas como el quercus robur (roble); el quercus rubra (roble americano); la betula celtibérica (abedul), o el prunus avium (cerezo). Todas esas semillas están listas para tomar los montes gallegos. Solo falta que los productores las pidan. De hecho, como avanzó el conselleiro de Medio Rural en Carballo, esos recursos son para que pueda recurrir a ellos el sector forestal «a un bo prezo e con garantías dun control fitopatolóxico estrito, porque tódalas sementes están sometidas a análises e a seguimentos xenéticos por parte da Xunta». Y pino hace falta. Hay demanda.

La mejora genética de especies forestales es un trabajo largo en el que lleva trabajando desde los años noventa el Centro de Investigacións Forestais de Lourizán. Sus primeros trabajos los centraron en el pinus pinaster por la importancia económica que tiene para la comunidad. Luego comenzaron investigaciones con otras especies como el pinus radiata, el prunus avium, acer paseudoplatanus, fraxinus excelsior... Todo para hacer de los bosques gallegos una gran  reserva genética. 

Galicia tiene en su Arca de Noé de semillas un arma para que los cultivos resistan las plagas

M.C. / S.R.
Julio López Díaz en el interior del banco de semillas de Mabegondo
Julio López Díaz en el interior del banco de semillas de Mabegondo

Los bancos de germoplasma se ponen al servicio de los agricultores para conservar la biodiversidad y garantizar la supervivencia de las distintas especies frente a la irrupción de agentes externos como heladas, sequías, enfermedades o plagas.

Hay un lugar a unos 1.300 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico, en el archipiélago de Svalbard, donde se guarda uno de los grandes tesoros de la Humanidad, una caja fuerte a modo de búnker que custodia todas las variedades de semillas del mundo. La humanidad tiene ahí una garantía para su supervivencia. No hace mucho, en el 2015, la conocida como Bóveda del Fin del Mundo, creada en el 2008 por Noruega para proteger cultivos fundamentales para procurar sustento a la humanidad, tuvo que abrirse por primera vez. Fue debido a la guerra de Siria como algo excepcional. De hecho, a la bóveda únicamente puede accederse en caso de catástrofe o sequía.

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