Las cinco D.O. de Galicia marcan el futuro del vino defendiendo el territorio
AGRICULTURA
El Colexio de Enxeñeiros Agrícolas organizó una jornada sobre la viticultura
05 jul 2026 . Actualizado a las 20:13 h.El sector vitivinícola en Ourense implica a un gran número de agentes que lo convierte en uno de los motores económico del territorio. Por eso el Colexio Oficial de Enxeñeiros Técnicos Agrícolas de la provincia recuperó las Xornadas do Viño, para ofrecer este sábado a la mañana una fotografía técnica de la situación de la viticultura gallega. Reunió a sus máximos representantes: los líderes de las cinco denominaciones de origen. En la mesa redonda se dibujó un mapa a dos velocidades pero con una estrategia de futuro compartida: apostar por la «marca Galicia» y defender el territorio.
Las realidades de las cinco denominaciones muestran dinámicas muy diferentes. En el lado del crecimiento exponencial se sitúa Rías Baixas. Su presidente, Ramón Huidobro, cuantificó su buena posición: 176 bodegas, 5.000 viticultores y casi 5.000 hectáreas tras una cosecha histórica el año pasado. Su mercado ya no tiene fronteras (exporta a 117 países, con EE.UU. y Reino Unido a la cabeza) y su precio medio se sitúa en unos 7,86 euros el litro. «El futuro pasa por seguir abriendo mercados e introduciendo bodegas foráneas; ya tenemos 36 participadas o que vinieron de fuera», explicó.
Un camino expansivo similar al que vive Monterrei, la D. O. más joven y que está despuntando con fuerza en superficie. Su representante, Manuel Vázquez, destacó que hoy cuentan con 750 hectáreas y 400 viticultores. Con un giro radical hacia las variedades blancas (el godello ya representa el 80% de la producción frente al tinto de hace años), la denominación alcanzó los 8 millones de kilos en su última campaña. Monterrei sí plantea una ampliación territorial inminente: «Estamos analizando sumar algunas parroquias de Cualedro y Laza. No era lógico que, por un marco político, un viñedo estuviese en la D.O. y el lindante no», señaló.
La cara más compleja del debate la mostraron el Ribeiro y la Ribeira Sacra, zonas históricas que sufren la brecha demográfica. Carlos Basalo, vicepresidente de O Ribeiro, reconoció que la D. O. más antigua de Galicia está en el «camino opuesto», viniendo de registrar la vendimia más pequeña de su historia, con 1.400 viticultores y 1.300 hectáreas. «Sufrimos un proceso de cambio por la estructura de la tierra y la pérdida de población; no hubo relevo generacional», lamentó. No hay planes de ampliación, sino de resistencia: «Lo que necesitamos es recuperar lo que se fue abandonando». Con un viñedo fragmentado en 18.000 parcelas, urge la concentración parcelaria para poder mecanizar un trabajo que para mucha gente hoy es solo una segunda actividad. Con todo, defendió el potencial de la zona, con la treixadura como bandera pero concentrando todas las variedades gallegas.
En términos aún más negativos se expresó Antonio Lombardía, representante de Ribeira Sacra. En los últimos diez años, la zona perdió 700 viticultores, dejando la media de edad en los 70 años. «Difícilmente vamos a sostener esta estructura si los viticultores no tienen rentabilidad», advirtió. Con 95 bodegas y 1.300 hectáreas controladas, su «caballo de batalla» es la investigación tecnológica y el uso de drones para que cada profesional pueda trabajar más superficie. Amador abogó por un cambio radical de modelo: el 95% del vino se vende en Galicia, un problema estructural que quieren romper virando el mercado hacia «elaboraciones de parcela de mayor valor». Desde Valdeorras se mostró un escenario marcado por el clima extremo y el cambio climático. Con unas 41 bodegas y una producción de 8 millones de kilos, la comarca vivió una profunda reestructuración hacia el godello. Para Valdeorras, la viabilidad económica actual es un hecho, pero el problema es idéntico: «Plantar, planta todo el mundo, pero ¿quién hace la vendimia? No hay relevo generacional ni mano de obra, aunque el campo ahora mismo es viable». En lo que coincidieron los cinco es en que el futuro pasa por ir juntos bajo la «marca Galicia». Advirtieron que las variedades son universales, por lo que hay que jugar con el territorio.
Galicia debe exportar el paisaje, la historia y las variedades propias
La jornada del colegio de ingenieros agrícolas arrancó con una conferencia del reconocido Master of Wine Jonas Tefterup, que analizó el ámbito comercial de los vinos gallegos. En un momento de caída de consumo los productores deben mirar más allá de las fronteras locales para conseguir consumidores y la inestabilidad política internacional hace que haya que estudiar con detalles cada uno de esos mercados. Lo primero es saber qué se demanda: vinos con menos alcohol, frescos y auténticos. Además de una experiencia enoturística. «Galicia lleva produciendo estos vinos desde hace siglos», defendió. Sus fortalezas a exportar son la historia, el paisaje y las variedades propias. «No necesita parecerse a nadie pero sí necesita saber con quién compite», argumentó. Resaltó, entro otras, las posibilidades de Estados Unidos y Reino Unido. El primero se debe abarcar por zonas, de dos a cinco estados, y no cometer el error de intentar llegar a todo el país. Se deben subir los precios de entrada porque es un mercado caro. En el caso de Reino Unido, al ser consumidores pero no productores, están muy bien informados. Son un país referente donde interesa trabajar en tiendas especializadas.
