Nace la Iniciativa galega polo liño: un proyecto estratégico para reactivar el textil en Galicia

D. Vázquez BERGONDO

AGRICULTURA

El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, visita las instalaciones del CEFA de Guísamo donde este miércoles se presentó la Iniciativa Galega polo Liño
El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, visita las instalaciones del CEFA de Guísamo donde este miércoles se presentó la Iniciativa Galega polo Liño D. Vázquez

La Xunta y la Fundación Adolfo Domínguez pretenden impulsar un cultivo «casi extinguido» que demanda la industria

18 jun 2026 . Actualizado a las 09:43 h.

Galicia ha dado el primer paso para recuperar un cultivo histórico y reactivar una cadena de valor con el potencial de convertirse en un nuevo motor de desarrollo rural, innovación textil y orgullo cultural. Este miércoles se presentó en Guísamo (Bergondo) la Iniciativa galega polo liño, un ambicioso proyecto conjunto impulsado por la Xunta y la Fundación Adolfo Domínguez, con el apoyo de la asociación Legados. El acto de lanzamiento estuvo presidido por el titular del Gobierno gallego, Alfonso Rueda, y la presidenta de la firma de moda, Adriana Domínguez. El encuentro sirvió de respaldo institucional y sectorial al contar con la presencia de colectivos clave como la Asociación de Mulleres Rurais de Insua, la Asociación de Amigos do Liño, las universidades de A Coruña, Santiago y la Politécnica de Catalunya, además de la Confederación de la Industria Textil (Texfor) y el Observatorio de Textil y Moda. Asimismo, participaron varios miembros de la corporación de Bergondo, entre ellos la alcaldesa Alejandra Pérez, como punto de partida de esta Iniciativa galega polo liño.

Adriana Domínguez agradeció el respaldo de la Xunta a una iniciativa que pretende recuperar una materia prima «que en Galicia ha estado al borde de la extinción». Con numerosas alusiones a su padre, recordó que sacaron el eslogan «la arruga es bella» para dignificar un producto del que el cliente no conocía sus atributos y que rechazaba por su maleabilidad. Sin embargo, precisó que debería estar en un pedestal y reconoció que en Galicia fue un fenómeno cultural. Reconoció que ella misma no era consciente, hasta que lo intentó conseguir para una película sobre su progenitor, de «lo escaso que se había vuelto en Galicia». «Este proyecto trata de recuperar algo que es nuestro y que lo ha dejado de ser los últimos 70 años», dijo, al mismo tiempo que recalcó que no quiere «recuperar el lino para el museo, sino porque las fábricas lo demandan». Aseguró que Galicia tenía la mejor calidad de fibra de Europa y dijo que pretenden recuperar en un proceso para el que incluyen a Portugal en la fase final, para procesar la materia prima.

Rueda, por su parte, rememoró cómo se gestó una iniciativa con la que pretenden «revitalizar o rural», con una producción con una clara apuesta económica y con una «vertente cultural clara, é a nosa identidade, somos nós». Remarcó que pretende ser un emblema más de la Galicia Calidade, recordando que el lino gallego era el mejor del Imperio Romano, por lo que están comprometidos en que «non se quede nunha idea».

Con una inversión inicial de 900.000 euros distribuidos en tres años, este proyecto estratégico persigue recuperar la producción ancestral de este cultivo e impulsar la instalación de una industria de tejido de lino en la comunidad, reivindicando la tradición de un territorio que, junto a la Europa atlántica, fue referente mundial en este sector hasta el siglo XVIII. Para revertir una situación actual en la que el lino en España ha quedado reducido a apenas 13.000 hectáreas dedicadas a fines puramente artesanales o artísticos, la iniciativa se estructurará a través del Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo (CIAM) y los centros experimentales de Bergondo, Boqueixón y Monforte de Lemos. El proceso técnico abarcará desde la identificación de las variedades botánicas y el estudio de la maquinaria idónea hasta la obtención de fibra piloto para su transferencia al sector textil, complementado con estudios de viabilidad industrial y análisis de mercado.

Las metas planteadas a largo plazo son de una gran envergadura. Aunque los ensayos actuales logran un rendimiento modesto de 20 kilos de semilla por cada 0,2 hectáreas, el objetivo final es alcanzar las 10.000 hectáreas cultivadas en Galicia —una superficie equivalente a la de la ciudad de Ourense— para producir 1.000 toneladas de semilla y 10.000 toneladas de fibra de lino. Según las estimaciones de la Fundación Adolfo Domínguez, este volumen lograría abastecer la actual demanda de la industria textil gallego. El rendimiento del lino transformado en tela alcanzaría un valor de 115 millones de euros en la comunidad; como referencia de la escala, solo para cubrir la producción anual de prendas de lino de la firma Adolfo Domínguez se requieren actualmente 160.000 kilos de fibra.

Un espejo en Bélgica

El espejo en el que busca mirarse este plan es la región de Flandes, en Bélgica, que cuenta con más de 20.000 hectáreas de lino certificado, genera 3.000 empleos directos y factura unos 176 millones de euros anuales. De hecho, España importa actualmente el 85 % del lino europeo que consume. La oportunidad para Galicia llega, además, en un momento de mercado idóneo. A pesar de las fluctuaciones que sufrió la producción europea tras la crisis del covid-19, la demanda internacional continúa al alza y se prevé un crecimiento anual medio del sector del 11,6% para el período 2024-2029, un escenario donde las condiciones del clima atlántico gallego se perfilan como una ventaja competitiva idónea para este tipo de agricultura.

El proyecto también busca atajar la enorme dependencia exterior y la escalada de costes que sufre el sector. Aunque España es una potencia exportadora de tela tejida con 61,25 millones de euros al año —en un mercado global liderado por China—, el país padece un déficit severo de materia prima que lo convierte en el mayor importador europeo y el quinto mundial de tela tejida de lino, con un gasto anual de 100 millones de euros. Esta vulnerabilidad se ha agravado en el último lustro, período en el que las importaciones de tela de lino en España crecieron un 51% y su precio llegó a duplicarse. Durante el pasado año 2025, la industria textil nacional gastó 115 millones de euros en importar lino sin confeccionar, una factura de la cual el 65 % correspondió directamente a empresas gallegas, lo que justifica la urgencia económica de producir y transformar la materia prima en el propio territorio.

Más allá del impacto puramente económico y fabril, la iniciativa nace también con una marcada vocación social y medioambiental orientada al equilibrio territorial. El plan prevé rescatar terrenos de cultivo que actualmente se encuentran abandonados, contribuyendo de forma directa a la lucha contra la despoblación del medio rural. De este modo, los promotores de la iniciativa confían en que la reactivación de esta planta textil no solo sirva para generar empleo verde y ofrecer oportunidades atractivas para el relevo generacional en los campos gallegos, sino también para promover prácticas de economía circular, favorecer la regeneración natural del suelo y contribuir al secuestro de carbono en plena transición ecológica.