Tim Atkin, el gurú capaz de encumbrar un vino: «Intento no alojarme en las bodegas y no acepto regalos caros»

AGRICULTURA

Tim Atkin es Máster of Wine y un presitigioso periodista epecializado en vino que ha visitado en numerosas ocasiones Rías Baixas
Tim Atkin es Máster of Wine y un presitigioso periodista epecializado en vino que ha visitado en numerosas ocasiones Rías Baixas

Un artículo suyo es suficiente para que un vino toque el cielo, un poder del que es muy consciente y que, asegura, trata de utilizar de forma honesta. El prestigioso periodista es un gran conocedor de los caldos gallegos y afirma que están en su mejor momento

01 jun 2026 . Actualizado a las 10:45 h.

Tim Atkin (Dartford, Londres, 1961) es una de esas personas de las que todo el mundo está pendiente. Porque lo que él hace o dice crea tendencia. Y, aunque es muy consciente del poder que tienen sus informes, nunca duda en ofrecer su opinión y en defender de forma honesta lo que él cree. Hace menos de un año que visitó la denominación de origen Rías Baixas, que está entre sus favoritas y que recorre cada vez que puede para elaborar uno de sus informes. De ella alabó sin tapujos la labor desempeñada durante años por el consello regulador y bodegueros para convertir una variedad de uva desconocida, como la albariño, en una de las más destacadas a nivel mundial. Pero tampoco dudó en afirmar que, actualmente, hay cosas que igual no se están haciendo todo lo bien que se debería, como no poner coto a las nuevas plantaciones o tratar de vender los vinos en el año de su elaboración, cuando está más que demostrado que los Rías Baixas son vinos de guarda, que mejoran tras un paso largo por botella. «Me esfuerzo mucho por ser profesional», reconoce en esta entrevista en la que también destaca el potencial de Galicia para hacer grandes vinos. Este crítico con más de 30 años de experiencia tiene claro que el método por el que elige qué regiones y vinos cata es subjetivo, pero defiende la honestidad que hay detrás de cada uno de sus informes y que no se deja influir por prebendas o amistades. Con esa franqueza y naturalidad que lo caracterizan, tampoco tiene problema en reconocer que no le gustan los vinos sin alcohol. «Son productos elaborados con uvas, que nunca bebo», dice.

—¿Cuándo supo que quería dedicarse al mundo del vino?

—Surgió a través del periodismo. Conseguí un trabajo en una revista de vinos llamada Wine & Spirit, en la que empecé en 1985. Pero fue un proceso gradual, ya que al principio lo que me interesaba era la escritura más que el vino en sí. Sin embargo, en 1988 gané un premio prestigioso de literatura vinícola y luego conseguí un puesto en el periódico The Guardian. Así que, en 1989, ya había decidido más o menos que eso era lo que realmente quería hacer en mi vida: escribir sobre vino.

—¿Cómo elige, primero, las regiones en las que va a catar los vinos y, dentro de ellas, las bodegas que va a visitar en cada zona?

—El sistema ha cambiado un poco con el paso del tiempo. Hoy en día, escribo sobre regiones y países que me gusta visitar, y también donde tengo cierto grado de ventaja competitiva y puedo ganarme la vida. Las bodegas que visito se eligen puramente por su calidad, lo que significa que pueden cambiar de un año a otro, al menos un poco. Estoy abierto a probar cualquier vino, pero mi tiempo es limitado, así que solo visito a personas cuyos vinos considero que están entre los mejores de una región determinada. Es una elección muy personal y soy muy consciente de que existen otras opiniones perfectamente válidas.

—Supongo que sabe la influencia que tienen sus publicaciones sobre las bodegas. ¿Cómo gestiona el poder que tiene para encumbrar un vino?

—Ciertamente soy muy consciente del poder que ejercemos los escritores de vino. Y también de que lo que escribo puede afectar a los negocios y a la vida de las personas. Me esfuerzo mucho por ser profesional: llegar puntual, con buena disposición y con ganas de catar y hablar. Hago todo lo posible por ser accesible y amable. Dicho esto, nunca he hecho favores a personas con las que tengo una relación personal que no sea estrictamente laboral. Mis amigos saben, espero, que hago todo lo posible por tratar a todos por igual.

—¿Se enfrenta a presiones de los grandes productores, o también de los pequeños, para que califique sus vinos con notas altas?

—No. Esa es una de las razones por las que intento no alojarme en las bodegas y no acepto regalos caros. Una comida está bien, pero poco más. Obviamente, la gente se siente decepcionada si sus vinos no obtienen una puntuación alta, y eso implica que algunos decidan no mostrármelos. Pero no pasa nada. Este es un mundo libre.

—¿Hay bodegas o denominaciones de origen que hayan expresado su enfado por lo que publica?

—He tenido un problema de larga duración con la Denominación de Origen Calificada Rioja. No le gustó que criticara la forma en que se estaba gestionando esta región vitícola, aunque mi relación con ellos ha mejorado últimamente. Todas las demás regiones me tratan de forma justa y profesional. También hay muchas bodegas que se quejan de las puntuaciones: dicen que he malinterpretado sus vinos, o que no sé catar, o que otro crítico los valora muy positivamente; pero eso forma parte de mi trabajo. Para ser crítico siempre hay que expresar una preferencia. Hay que distinguir entre vinos excelentes, muy buenos, buenos, mediocres y defectuosos. Siempre le digo a la gente que la mía es simplemente una opinión. También estoy siempre encantado de explicar y justificar lo que he escrito y de debatir cómo creo que un productor podría mejorar sus vinos.

—Burdeos está arrancando vides y Rioja va por el mismo camino. ¿Es realmente un buen momento para dedicarse al mundo del vino?

—¿Se refiere a como productor? Supongo que sí. Siempre hay lugar para el nuevo talento en cualquier campo. Eso incluye también la escritura sobre vino, aunque este negocio ha cambiado mucho en los últimos 41 años. Todos los que trabajan alrededor del sector del vino son conscientes de los retos actuales que existen, desde el personal del viñedo hasta el que lo pone en el estante de la tienda, pasando por la mesa, la pantalla o la página. Mi reacción ante eso es concentrarme en lo que hago e intentar hacerlo aún mejor, con entusiasmo, pasión y dedicación.

—¿Qué cree que ha pasado para que los vinos tintos hayan caído en desgracia? ¿Y por qué, en cambio, nos gustan tanto los blancos últimamente?

—Simplemente creo que es una cuestión de estilo de vida. No tengo ni idea de si es una tendencia o algo más permanente. Ojalá lo supiera. Pero creo que la gente, en general, se está decantando por vinos más ligeros y frescos, tanto blancos como tintos.

—¿Cuál es su opinión sobre los vinos sin alcohol que tan de moda están? ¿Deberían apoyarlos las denominaciones de origen o dejarse en manos de las bodegas?

—Lo tengo claro. Para mí, no son vino. Son productos elaborados con uvas. Y nunca los bebo. De hecho, prefiero beber zumo de frutas o agua. Entiendo que las bodegas tienen que sobrevivir y, con suerte, obtener beneficios por sus productos. Eso puede incluir la elaboración de vinos, entre comillas, sin alcohol, pero creo que sería un error que las denominaciones de origen promocionaran estas bebidas junto a los vinos de verdad.

«Los vinos sin alcohol para mí no son vino. Son productos elaborados con uvas. Y nunca los bebo»

—Usted es un gran conocedor del sector gallego. ¿Cuál es su opinión sobre los vinos que están elaborando las bodegas gallegas?

—Creo que son diversos e increíblemente emocionantes en general. De hecho, creo que los mejores vinos que se elaboran aquí son de clase mundial. El momento de Galicia ha llegado, ayudado en parte por cosechas de maduración más temprana, pero también por un mayor enfoque en los viñedos y el talento de sus enólogos. Eso no significa que todo sea estupendo, algunos producen con demasiado vigor en sus viñedos y elaboran vinos comercialmente mediocres, pero el panorama general es bastante positivo desde mi punto de vista, con cinco denominaciones de origen muy distintivas que tienen un fuerte sentido de la identidad y un propósito.

—¿Qué cree que se está haciendo bien y qué se debería mejorar entre las bodegas de esta comunidad?

—Soy bastante positivo respecto a lo que se está haciendo aquí. Galicia podría sacar más provecho del vínculo del vino con la comida y la gastronomía, que es de las mejores de Europa. La otra cosa que me gustaría ver más son más promociones genéricas, como región. Sería estupendo que las denominaciones de origen, en particular, pudieran trabajar todas juntas para promocionar el vino de toda Galicia, y no solo sus territorios y las bodegas de cada uno de ellos.

—¿Qué potencial tiene el sector vitícola de Galicia y qué denominación de origen de las cinco que hay actualmente ve con más futuro?

—Creo que el potencial es enorme. Solo es preciso vigilar aspectos como las nuevas plantaciones, especialmente aquellas que se autorizan en lugares menos idóneos, los rendimientos del viñedo y los precios. La gente está dispuesta a pagar un sobreprecio, pero no uno excesivo. Creo que las cinco denominaciones de origen tienen potencial de crecimiento. Todas cuentan con varios productores excelentes.

—Ha visitado la denominación de origen Rías Baixas varias veces y en su último informe dio una serie de recomendaciones. ¿Por qué cree que es tan necesario limitar las nuevas plantaciones?

—Sencillo: por la ley de la oferta y la demanda. Rías Baixas ha logrado un éxito enorme en un espacio de tiempo comparativamente corto. A veces, no es mala idea hacer balance de dónde estás y asegurarse de que tus vinos conserven una imagen de prestigio (prémium). Inundar el mercado con vinos más baratos dañaría esa imagen.

«Cuando doy 100 puntos a un vino quiere que el que lo compre piense '¡Guau!'»

—¿Qué necesita tener un vino para poder conquistarle?

—¡Que huela y sepa bien! Y que tenga sentido del lugar, o de los lugares. En serio, no hay una fórmula mágica. Mi reacción ante un vino que me encanta se basa, obviamente, en la percepción sensorial y la experiencia, pero también es emocional en cierto modo. Los grandes vinos me conmueven, como un cuadro, una fotografía o una pieza musical maravillosa.

—¿Y qué hace falta para conseguir esos codiciados 100 puntos?

—Buena pregunta. A diferencia de algunos críticos, sobre todo en Estados Unidos, yo no doy muchos de esos 100 puntos. El vino tiene que ser algo excepcional, por supuesto, pero también necesita aportar esa conexión emocional de la que acabo de hablar. Como digo, no hay una fórmula. Quiero que alguien compre ese vino y piense: «¡Guau!».