Infood Protein es una empresa chilena que participa en la aceleradora del Clúster Alimentario con un proyecto que convierte los restos de estos insectos en un producto que fomenta la actividad microbiológica del suelo
04 may 2026 . Actualizado a las 10:43 h.Insectos, biotecnología e inteligencia artificial son la base de Infood Protein, empresa que nació en Chile con el objetivo de desarrollar alimentos sostenibles para la alimentación animal, la agricultura de precisión o la nutrición vegetal. Ahora, esta compañía está dispuesta a desembarcar en Galicia gracias al Business Factory Food, la aceleradora para el sector agroalimentario puesta en marcha por el Clúster Alimentario de Galicia (Clusaga). Al amparo de este programa desarrollarán Hermia, una nueva generación de bioestimulanes de origen biológico en la que utilizan subproductos de la mosca soldado negra.
«Entramos en el programa del Clusaga para desarrollar un bioestimulante orgánico de nueva generación que integra el origen biológico, porque usamos subproductos de la mosca soldado negra», cuenta Neudo Buelvas, uno de los fundadores de esta empresa. El motivo por el que eligieron ese insecto está en que esta es una de las siete especies que la Unión Europea autorizó hace solo unos años para alimentación animal. «La empresa está formada por un biólogo y dos bioquímicos que quisimos desarrollar ideas en las que traducir en soluciones todo nuestro conocimiento», añade.
La primera característica de su proyecto es que apuesta por la economía circular, pues con el objetivo de criar y alimentar a las moscas utilizan residuos de la agroindustria. «Así, todo vuelve al campo», explica. Esos insectos que alimentan liberan heces, que es la parte que ellos someten a un proceso de fermentación. «Este producto se ha desarrollado a través de tres capas. La primera es la materia prima de las heces del insecto y sus exuvias, que es la cáscara que van librando a medida que crecen», cuenta Neudo. La segunda es la que surge cuando esa materia se somete a un proceso de fermentación, en el que usan un consorcio bacteriano propio y así lo transforman en un bioactivo que genera moléculas. La tercera está formada por una matriz de biocomponentes.
Con este proceso han logrado desarrollar un bioestimulante que interactúa con la fisiología vegetal de la planta. «Está comprobado que este producto, en las plantas, genera un desarrollo de la raíz, es decir, aumenta su dinámica radicular. También fomenta la actividad microbiológica del suelo y tiene una arquitectura funcional que actúa en la capa superior del suelo, la que está en contacto con el aire», afirma Buelvas. A nivel de aplicación, fue diseñado para integrare en programa de manejos con fertilizante, es decir, que se puede completar con otros productos.
Por ahora, su principal mercado es el de la fruta de exportación. En Chile están utilizándolo en cerezo, arándano y uvas. «Puede servir también para las frutas que se cultivan en Galicia y para las hortalizas», añade. Recuerda que el Pacto Verde Europeo apuesta porque el en 2030 se reduzca un 20 % el uso de fertilizantes químicos. Algo a lo que Hermia puede contribuir de forma significativa.
Actualmente, el producto está a punto de comercializarse en Chile, donde se está demostrando su eficacia en los campos de golf, «pues ha dado resultados muy interesantes», cuenta Neudo. Al mismo tiempo, están trabajando para cumplir con toda la reglamentación y normativa para poder comercializarlo en España. Un paso que realizarán gracias al programa de aceleración del Clusaga en el que están participando. «Estamos muy agradecidos al Clúster por habernos seleccionado, porque este programa nos da mucha visibilidad», concluye. No descarta que, si la cosa avanza, puedan instalarse en España, donde ya cuentan con partners.
