La vendimia se queda sin mano de obra

Las bodegas gallegas de las cinco denominaciones de origen tienen cada vez más problemas para encontrar a peones para trabajar en la recogida de la uva

La vendimia en Galicia solía ser una tarea social, en la que familiares, vecinos y amigos echaban una mano a la hora de recoger el fruto de la vid. Poco a poco, este trabajo se fue profesionalizando y muchas eran las bodegas que recurrían a la contratación de peones para realizar esta tarea. No era mano de obra especializada, era gente en paro, amas de casa y hasta estudiantes que aprovechaban para sacarse en diez días el equivalente al sueldo de un mes. Pero, en los últimos años, las cosas han cambiado. Cada vez más, las bodegas gallegas están teniendo dificultades para contratar a gente en esta época. «Ya no hay gente para vendimiar», sentencia Eva Castro, de la agencia de empleo Randstad, en Ourense.

Hasta hace unos años, era la gente la que, unas semanas antes de que comenzara la vendimia, se acercaba a las bodegas para pedir el trabajo. «Ahora, estamos intentando que la gente se vaya anotando y crear una plantilla para vendimiar», cuenta Robustiano Fariña, de Bodegas Attis, en Rías Baixas. Él ha recurrido a las redes sociales para hacer un llamamiento a los interesados y que estos se pongan en contacto con la bodega. Pero no está siendo sencillo. En su opinión, la comarca de O Salnés «es una zona con una alta demanda laboral en estas fechas y no contamos con unas plantillas de temporeros que se dediquen a esto», asegura. Conseguir peones es así complicado, «ya no digamos mano de obra cualificada», sostiene. Así que no queda más remedio que «ser pacientes y ofrecer condiciones atractivas».

«Dependiendo de la zona está costando más o menos», explica Castro, cuya agencia trabaja en todo Ourense. Lugares como A Rúa o Monterrei «son lo más complicados, porque no hay gente. O Ribeiro solemos cubrirlo más fácilmente porque esta cerca de Ourense», añade. En su opinión, una de las causas del problema es que «se junta el retraso en la vendimia con que los estudiantes ya empezaron». La misma explicación dan en la Asociación Agraria de Galicia (Asaga). «Xa o ano pasado custou atopar xente e este ano está bastante difícil», asegura Roberto Mosteiro, portavoz de la entidad en Valdeorras. Destaca que si las bodegas tienen problemas para encontrar peones, para los particulares esto se convierte en una misión casi imposible. «Este é xa un problema de todos os anos e que se está xeneralizando», insiste Julio Reboredo, portavoz de la misma asociación en O Salnés. Por un lado, «os estudantes xa empezaron nas facultades e nos institutos» y, por otro, «hai moita xente no paro ou cobrando prestacións que non queren perder», añade. La misma explicación dan en Unións Agrarias, «unha persoa que está cobrando unha prestación ten que interrumpila e moitas veces non lle compensa», cuenta Samuel Lago, portavoz en O Salnés.

Bodegueros y organizaciones agrarias aseguran que las condiciones que se ofrecen para vendimiar, en la mayoría de las empresas gallegas, son buenas. «Todo o mundo está pagando de seis euros para arriba neto, máis o seguro. A media está en sete ou oito euros a hora», afirma Lago. Retribuciones que permiten hacerse en solo diez días con el salario de todo un mes. Pero ni eso parece suficiente para atraer a los posibles vendimiadores.

De la labor social que hacían vecinos y familiares a la necesidad de dar de alta a los peones

«Este era un traballo no que sempre colaboraron familiares e veciños, pero desde que Inspección de Traballo se meteu con iso está sendo realmente difícil atopar vendimadores», añade Samuel Lago. Está de acuerdo en que los trabajadores deben estar siempre asegurados y cumpliendo con toda la legalidad, pero también considera que las administraciones deberían ser un poco flexibles y permitir esa parte tan social de la recogida de la uva. Porque, de lo contrario, surgen problemas como la escasez de peones que quieran realizar la tarea.

«Que teu sogro, que está xubilado, te bote unha man entra dentro da colaboración familiar. Tamén que un veciño veña colaborar», añade Lago, quien insiste en que las administraciones no deberían meterse en estos casos en los que, además, no hay retribuciones porque se trata de colaboraciones que no están pagadas. Otra cosa es que se contrate a personas para realizar el trabajo, «entón tes que dala de alta, que en realidade non é un trámite nin moi complicado, nin moi custoso», añade. Este proceso puede suponer un desembolso por persona y día de unos quince euros. «E os viticultores teñen que ser conscientes de que este é un custe máis de produción. O que temos que loitar é porque a uva teña prezo suficiente para dar cuberto os custes de produción, que deben incluír tamén a vendima», concluye.

José Moreno: «Traemos cuadrillas de fuera; son gente con mucha experiencia»

M. Alfonso
Temporeros en la vendimia en Valdeorras
Temporeros en la vendimia en Valdeorras

El enólogo de Bodegas Santa Marta explica que en los últimos años apenas había gente de la zona que se interesara por trabajar en la vendimia

El año pasado fue cuando Bodegas Santa Marta, ubicada en la denominación de origen de Valdeorras, decidió por primera vez recurrir a las cuadrillas de fuera para realizar la vendimia. Llevaban ya unos años notando escasez de vendimiadores y, teniendo en cuenta las condiciones que marcaba la pandemia, optaron por contratar a gente externa. La experiencia fue satisfactoria y, de hecho, este año han repetido. «Son gente muy eficiente, pero a mí me haría ilusión poder recuperar esas cuadrillas nuestras», cuenta José Moreno, el enólogo de la bodega.

«Hasta hace cuatro o cinco anos se nos acumulaba la gente. Un mes antes de la vendimia, venían a la bodega para anotarse y, cuando ibas a empezar, disponías de una lista de 50 personas», asegura Moreno. Pero, en los últimos años, esto dejó de suceder. Poco a poco los integrantes de esas cuadrillas, «algunos de los cuales llevaban con nosotros quince años o más», fueron desapareciendo. «El año pasado y este ya no vino nadie, a la gente no le interesa este trabajo», añade. Fue entonces cuando optaron por recurrir a las cuadrillas de fuera, formadas por personas de otras nacionalidades que se dedican a trabajar en el campo. «Son equipos que van recorriendo España vendimiando en todos lados y cuentan con mucha experiencia», explica. Tenían otra ventaja: ellos mismos se organizaban y no entraban a la bodega, ni comían allí, «lo que nos permitía que, en caso de que hubiera un positivo por coronavirus, no tendríamos que paralizar toda la recogida», añade.

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