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Misión Biológica: un siglo investigando para ayudar a los agricultores gallegos

Maruxa Alfonso Laya
M. Alfonso REDACCIÓN / LA VOZ

AGRICULTURA

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La emblemática finca de Pontevedra celebra sus cien años de historia con un acto institucional en el que participó la presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Rosa Menéndez

17 jul 2021 . Actualizado a las 11:46 h.

Hace cien años no se hablaba de mejora genética. Pero sí se sabía que, estudiando el comportamiento de los cultivos, se podían lograr mejoras en el rendimiento. Llevar a cabo esas investigaciones y acercar todo ese conocimiento a los agricultores fue el objetivo con el que se creó, el 1 de abril de 1921, la Misión Biológica de Galicia. «Han sido cien años de compromiso con la investigación y con la ciencia, de estudiar los principales cultivos agrícolas y forestales de la zona atlántica», explicó la actual directora, Elena Cartea, durante el acto del centenario de este centro celebrado ayer en Pontevedra y al que acudió la presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Rosa Menéndez.

«Sé que necesita muchas cosas, pero la Misión Biológica de Galicia goza de una excelente salud a nivel regional, nacional e internacional», aseguró Menéndez, quien recordó que este fue uno de los primeros centros de investigación creados en Galicia. Se hizo a instancias de la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), una entidad hoy desaparecida y que fue precursora del CISC. Sus primeras instalaciones fueron en la escuela de veterinaria de Santiago, ubicadas en lo que hoy es el Parlamento gallego. Cuando esta se trasladó, se instaló en Pontevedra, en la finca de La Tablada, cedida por la Diputación.

Su primer director fue Cruz Gallástegui y, en sus primeros años, su labor se centró en la obtención de variedades vegetales y de ganado porcino de buena calidad, así como en la transmisión de dichos conocimientos al sector agrario. «Personas como él tuvieron la iniciativa y la ambición de poner este centro en marcha», recordó Menéndez. A partir de los años 30, los trabajos se centraron en la mejora genética del maíz y en la obtención de variedades de castaño resistentes a la tinta, una de sus principales enfermedades. La difusión en toda España de la raza porcina inglesa Large White fue otro de sus objetivos y se fundó, por iniciativa de Miguel Odriozola, la piara, que pronto adquirió gran desarrollo y se difundió por todo el país para la mejora genética del ganado porcino.

La Guerra Civil

Tal y como relató su actual directora, el centro tuvo su época más negra durante la Guerra Civil y el período posterior. De hecho, a partir de los años 60 se cerraron algunas líneas de investigación por jubilación o traslado de los investigadores. Se mantuvo la sección de Química Agrícola, bajo la dirección de Benito Sánchez, que inició el estudio delos suelos agrícolas de Ourense y Pontevedra. Por fortuna, en el año 73 se retomaron las investigaciones sobre genética vegetal del maíz, comenzando la recolección de variedades locales y el inicio de programas de selección y mejora de la mano de Amando Ordás.

A partir de los años 80, se abrieron nuevas líneas de investigación y se incorporó más personal, lo que permitió desarrollar nuevos programas basados en cultivos de importancia en Galicia, como las legumbres, las brásicas y la vid. Se recolectaron y caracterizaron recursos genéticos de estas especies, conservadas en el banco de germoplasma. Materiales que hoy son la base de muchas de las investigaciones que se realizan en el centro y que permiten ampliar conocimientos teóricos sobre la genética, la mejora de cultivos y el desarrollo de nuevas variedades resistentes a plagas o mejor adaptadas al cambio climático.

«Somos un centro con prestigio y reconocimiento, hemos publicado 236 artículos y captado fondos por valor de 4,6 millones de euros, además de que hemos desarrollado diez patentes y dirigido 12 tesis doctorales», recordó Cartea, quien añadió que el equipo humano está también preparado para asumir nuevos retos «como la alimentación del futuro o la lucha contra el cambio climático». Para asumir esos nuevos retos, «necesitáis atraer talento joven, renovar y mejorar las instalaciones y canalizar vuestra ideas. Las infraestructuras son importantes, pero la creatividad es lo que tenemos que potenciar», concluyó Menéndez, que clausuró un acto en el que también participaron la diputada Ana Mejías, el alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores, y el presidente del Parlamento, Miguel Santalices.

Un centro que cuenta con 76 profesionales, repartidos en ocho grupos de trabajo

M. Alfonso

Según explicó Cartea, en la Misión Biológica trabajan actualmente 76 profesionales, de los cuales 17 son científicos de plantilla. El servicio está estructurado en dos departamentos: Genética y Mejora Vegetal y Viticultura y Forestal. Entre los dos, cuentan con ocho grupos que están trabajando en los procesos genéticos, ecológicos y evolutivos que son relevantes para hacer más sostenible la agricultura y la silvicultura, centrándose en diversas especies hortícolas, cereales y leñosas ampliamente cultivadas.

Biología de Agrosistemas es el primero de estos grupos, en el que se estudia cómo afrontar problemas globales de los cultivos realizando programas de mejora para el desarrollo de nuevas variedades genéticamente mejoradas. En Genética del Desarrollo de la Planta investigan sobre la arquitectura de la planta y sus procesos, mientras que en Genética, Mejora y Bioquímica de Brásicas buscan conocer la calidad nutricional y la resistencia al estrés de este tipo de cultivos. Hay, además, un grupo de Genética y Mejora del Maíz, que estudia los mecanismos que controlan la resistencia al estrés, la calidad y la producción del cultivo de esta planta.

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