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¿Qué son esas luces de neón en una finca de trigo en Pontevedra?

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

AGRICULTURA

CAPOTILLO

La familia Acuña cultiva cereal autóctono en su finca familiar para hacer pan «kilómetro 0», un producto sostenible con materia prima del entorno

24 jun 2021 . Actualizado a las 20:18 h.

Cuando uno entra en los límites de Pontevedra por la carretera de Vigo le sorprenden unas luces de neón que no responden a ningún establecimiento. Se levantan en medio de una finca próxima a la vía que hace girar la cabeza a los que pasan a pie o en coche, especialmente al anochecer. En un verde y rojo luminoso se puede leer varios letreros. «Un pan Km 0», «hogar» y «origen» son los tres mensajes que se levantan sobre un campo de trigo autóctono.

Cuando los primos Jacobo y Andrés Acuña, de Panaderías Acuña, optaron por sembrar este cereal en la finca familiar de Salcedo, escucharon muchas voces que le decían «en Galicia non se vai dar». Y ellos, que si algo tienen es tesón, siguieron su instinto para dar a sus clientes un pan kilómetro cero y sostenible con el entorno. Pero, ¿qué es eso en realidad? «Queremos hacer un producto sostenible solo con materia de aquí, que se produzca en un radio de cien kilómetros», apunta Andrés Acuña, que reconoce que esta idea nació hace un par de años, cuando quisieron dar a su finca de cinco mil metros cuadrados un uso productivo. «Buscamos dar un pan de cercanía. Recuerdo que cuando era niño había muchos niños que ya ni sabían de donde venía la materia prima. Las ciudades hacen que se pierda el origen», apunta este panadero, empeñado en volver a las raíces. Así Jacobo y Andrés prepararon la finca, retiraron las piedras que tenía y el pasado 28 de febrero sembraron. Tenían pensado no recoger el producto hasta septiembre, pero un agricultor de Caldas vendrá en unas semanas a segar el trigo para enviarlo a Melide a moler.

Esperan que finales de verano ese trigo se haya convertido en harina y el pan pueda estar en el mercado con una edición limitada diaria. Será una producción pequeña porque lo sembrado en su finca no produce más de 500 kilos de harina. Sin embargo, guiados por la filosofía de los productos kilómetro cero han contactado con unos agricultores de Xinzo, donde ya hay grandes extensiones de cereales, para completar su producción. «Queremos dar al cliente un pan de calidad con materia prima de un radio de cien kilómetros, todo lo que necesitaremos, lo sacaremos del entorno, esa es la filosofía de sostenibilidad que queremos aplicar», recalca Andrés Acuña.

La idea de estos primos es convertir la finca de Salcedo en un escaparate que dé a conocer su proyecto. De ahí que hayan llenado la finca de neones y estén rehabilitado la casa familiar, que en un principio esperaban convertir en un granero, «pero estamos buscándole otros usos».

Este empeño por buscar un pan más sostenible tiene detrás un «trabajo bestial y costoso», apuntan los panaderos. «La harina es tres o cuatro veces más cara que la normal, un kilo puede rondar el euro, pero creemos que la gente demanda cada vez más la calidad. El futuro va en ese sentido, en revalorizar el rural», comenta Andrés Acuña, que ejerce de portavoz de la familia. Ellos nacieron en esa zona, «detrás de la finca». La idea de devolverle la vida a la finca de Salcedo no es solo un proyecto empresarial, es, sobre todo, personal.