Flores para oler y comer

Su cultivo como producto para consumo comienza a irrumpir en las explotaciones dedicadas a surtir a la hostelería


redacción

«Tirabaque salteado con setas, huevo poché y flor. Yo lo cosecho, yo lo cocino y yo me lo como». Esa entrada de Facebook la realizó en febrero Jorge Molina, el agricultor de A Esperela, en el concello de Paderne, que está detrás de Enflor, una explotación dedicada a la agroecología y al cultivo de productos gourmet entre los que tiene flores para oler y comer destinadas, sobre todo, al consumo en hostelería. Junto a esa entrada, Jorge colgó una foto en la que se veía el plato decorado con flores de tirabeque cultivadas en su huerto porque, como explica ahora, «hay flores comestibles durante prácticamente todo el año». ¿Cuáles son? Pues hay muchas. «Desde caléndulas a la capuchina que empieza a florecer ahora o los pensamientos. Por no hablar las flores de algunas de las verduras habituales en los huertos como las de la rúcula, los guisantes, los rábanos, los grelos o el cilantro», explica. Ahora mismo tiene caléndula, capuchina, algo de borraja y las propias de cultivos de esta temporada.

El destino culinario de todas estas flores también es variado. Desde los pensamientos que empiezan a verse en algunas áreas comerciales con usos populares como la decoración de repostería u otros platos salados hasta su empleo como ingredientes de otros guisos más elaborados. La capuchina, por ejemplo, es una flor con un gusto picante de la que son fans muchos Estrella Michelín.  

«Hay flores que saben de un modo muy parecido a las hojas comestibles de la planta a la que pertenecen», dice. Es por eso que no hay que dejar de introducirlas poco a poco en los huertos con fines culinarios. Aunque como advierte este agricultor, lo ideal es hacer un cultivo ecológico, «libres de químicos porque las vamos a comer».

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