Galicia marca las pautas en la nueva agricultura ecológica

Un equipo del campus de Lugo representa a España en un programa de la Unión Europea enfocado al diseño de nuevas prácticas de agroecología


lugo / la voz

La agricultura del siglo XXI llevará sello gallego. Nadie espera que patatas, grelos o lechugas desaparezcan del Miño al Eo; pero a la fertilidad de las fincas se le añade además el trazado de líneas básicas de la actividad. El fomento de la agroecología aparece como una de las prioridades de la Unión Europea, y el grupo de investigación agroforestal de la Escola Politécnica Superior (EPS) del campus de Lugo lidera el proyecto en España.

Los trabajos están en marcha desde principios de año y durarán hasta el 2023. Aunque se trata de un trabajo en manos de expertos, habrá encuentros con profesionales de la agricultura y de la ganadería sobre el terreno. Rosa Mosquera, catedrática de Produción Vexetal en la EPS lucense, explica que se espera un cambio de las circunstancias impuestas por la pandemia, incluida la extensión de las vacunas contra el coronavirus, para que la actividad incorpore más contactos. El proyecto incluirá la elaboración de guías para que los gobiernos de los 27 países de la UE sepan cómo actuar. Los intereses de agricultores y de ganaderos estarán siempre presentes, subraya la docente.

 ¿En qué consiste exactamente la agroecología?

Es, dice Mosquera, un concepto acuñado por la Unión Europea para designar una corriente que no es solo económica sino también social, reflejo de una creciente preocupación mundial por el cuidado de la naturaleza. Está claro, agrega, que las prácticas agrícolas y ganaderas convencionales han alterado la naturaleza, causando erosión y reduciendo la biodiversidad. «La idea fuerza es optimizar el uso de recursos a escala local», afirma.

La cuestión no solo consiste en introducir sistemas de trabajo más naturales, sin empleo de productos químicos, sino también en asentar una cadena de distribución más corta, con cercanía entre el productor y el consumidor. Estrategias como la que tiene como lema «De la granja a la mesa», impulsada también por la UE, van en esa dirección, subraya Mosquera. Las explotaciones que no sean climáticamente neutras pagarán una penalización. No de inmediato, pero sí a medio plazo.

 ¿Cómo se debe empezar a actuar en una explotación agrícola o ganadera?

Los sistemas de trabajo intensivo suelen reducir la materia orgánica del suelo, por lo que conviene rebajar el uso de fertilizantes. En una explotación de hortalizas, por ejemplo, una buena práctica es plantar frutales entre los cultivos. También se aconseja no dejar el suelo levantado entre una y otra cosecha, así como realizar siembras directas.

En cuanto a la ganadería, el primer objetivo, dice la docente, debe ser el uso adecuado del purín. No hay que abandonar su empleo, puesto que evita la utilización de otros próximos a agotarse. Mosquera afirma que el fósforo, ingrediente habitual de muchos abonos, ya escasea en la minería. Sí es necesario, en cambio, una nueva forma de aplicar el purín en el terreno, cambiando el sistema tradicional -con un cañón-, por uno de inyección y de enterramiento. Así, las emisiones de nitrógeno a la atmósfera se reducirán y el terreno aprovechará mejor el poder fertilizante de ese elemento.

 ¿Cómo se puede lograr la implicación de agricultores y ganaderos?

Una parte de los pagos directos de la próxima Política Agraria Común (PAC), que entrará en vigor el 1 de enero del 2023, se hará por ecoesquemas. Agricultores y ganaderos cobrarán más por desarrollar prácticas sostenibles, apunta Mosquera. Por otro lado, se está diseñando un sistema para que el personal de oficinas agrarias comarcales, de asociaciones relacionadas con el medio rural y de universidades sea parte fundamental en la divulgación de estas ideas.

 ¿Qué fortalezas y debilidades tiene Galicia ante este planteamiento?

En zonas de montaña, afirma la profesora, hay iniciativas ganaderas que resultan interesantes por el uso del pastoreo, en una línea muy acorde con esta nueva mentalidad. En cuanto a la ganadería de leche, que en décadas pasadas se orientó por lo general a sistemas intensivos, ahora también está aumentando el pastoreo. Ese cambio, agrega Mosquera, no es ajeno a un cambio en los criterios de los consumidores, que valoran más los alimentos obtenidos de modo natural.

Por lo que respecta a las debilidades, la profesora reconoce que los incendios forestales son un problema, aunque sin olvidar que Galicia tiene unas características climáticas que no se dan, por ejemplo, en zonas del norte de Europa: la vegetación crece en primavera y está expuesta a períodos de sequía en verano. Esos dos factores propician la creación de grandes volúmenes de biomasa, que pueden ser pasto de las llamas. Mosquera, en cambio, cree que ese riesgo se puede convertir en fuente de oportunidades, ya que, agrega, la biomasa se puede llegar a emplear para la elaboración de fertilizantes, de compost y de energía.

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