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Judías que lo saben todo

maría cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

AGRICULTURA

CSIC

Un estudio de la Misión Biológica de Galicia, publicado en Current Biology, identifica un gen inteligente que determina cuándo y dónde plantarlas

22 feb 2021 . Actualizado a las 17:34 h.

Cuenta la investigadora científica del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y jefa del grupo Genética del Desarrollo de Plantas de la Misión Biológica de Galicia, Marta Santalla Ferradás que, de todas las especies vegetales que Cristóbal Colón trajo de América, solo algunas lograron reproducirse en Europa. Las que lo consiguieron lo hicieron porque, en su afán por sobrevivir a este lado del charco, fueron realizando modificaciones genéticas que les permitieran, por ejemplo, llegar a florecer en un plazo de tiempo más adecuado a las necesidades de los agricultores. Porque ellos también fueron seleccionando las variedades que más les convenían.

Fue lo que hizo la judía común. Porque, como explica esta investigadora, «aunque las judías, oriundas de las regiones subtropicales de América del Sur y Centro América, florecían con menos de doce horas de luz, algo que no ocurre a este lado del Atlántico, lograron sobrevivir.». De hecho, se cultivan por todo el mundo.

Lo que ha descubierto ahora por primera vez en la judía el grupo que dirige esta científica, en el marco de una investigación sobre los factores que influyen en la floración, es un gen ancestral presente en esas plantas que resulta esencial para determinar dónde y cuándo cultivar este alimento. Los resultados del estduio, en el que han colaborado la Universidad de Tasmania (Australia), y el Innovation Center of Molecular Genetics and Evolution e Institute of Crop Sciences (China), han sido publicados en la revista Current Biology por la importancia que el hallazgo tiene a la hora de elegir las variedades de judía más adecuadas para cada zona y también aquellas que mejor van a adaptarse a las modificaciones que traerá aparejadas el cambio climático en cada territorio.

Entre las observaciones que realizaron tras detectar ese gen ancestral está que aquellas variedades de judía que lo tienen inactivo tienen más dificultad para poder detectar cuáles son los días más largos. Aunque estas plantas florecían originalmente en lugares con jornadas de menos de 12 horas de claridad, al quedar inhibido el efecto de ese gen original, esas variedades florecen y maduran antes en latitudes donde hay más horas de luz.

«Una variedad de judía que tarda en florecer al menos tres meses no es apta para el cultivo porque lo que se busca es mayor celeridad», apunta la investigadora. De ahí que la identificación de este gen y su grado de actividad permita ir eligiendo las mejores variedades para cada demanda. Es pura selección genética natural.

De hecho, el estudio también da detalles sobre la evolución antigua del cultivo de la judía común, al sugerir que «la floración precoz puede haber influido a la hora de realizar la domesticación inicial de la planta en las montañas de los Andes centrales de América del Sur».