El espíritu colaborador de la aldea ayuda a tejer nuevos negocios en el medio rural

Atalanta Madera y Maruxío diseñan packs de regalo con desperdicio cero


redacción

Atalanta Madera son Isabel y Ana Neira, dos mujeres que decidieron continuar con el negocio familiar y reinventarlo para adecuarlo a los tiempos que corren. Isabel es la séptima generación de torneiros que hay en su familia, y la única mujer que desempeña esta tarea en Galicia. Y Ana le hecha una mano con los acabados. Ya no elaboran muebles, ahora hacen platos, espátulas, cascanueces y hasta juguetes y jaboneras en A Estrada. A solo unos kilómetros están Uxío y María, Maruxío Terra e Sal, que hace un año decidieron crear un espacio, una casa de turismo rural, relacionada con la tierra y la salud. Allí también elaboran sus rebolos, unas galletas ecológicas y, en algunos casos, veganas. Ambas firmas se ubican solo a unos kilómetros de distancia y, además de amistad, comparten filosofía de vida, empeñadas en demostrar que se puede vivir del medio rural. Por eso ahora han unido esfuerzos, sacado adelante esa colaboración tan tradicional de las aldeas gallegas y presentado al mercado unos lotes de regalo de galletas y madera en los que todo se reutiliza.

Isabel es la única mujer torneira en Galicia
Isabel es la única mujer torneira en Galicia

«Queríamos facer un agasallo diferente. Estou cansa de que chegue o Nadal e sempre sexa o mesmo», explica Ana Neira. Querían inventar algo diferente, «pensando en revitalizar o rural e demostrando que aquí pode haber futuro», añade. Así que pensaron en diseñar unos lotes en los que convivieran las piezas de artesanía en madera de Atalanta y los dulces de Maruxía. «Ao final foron tres meses de traballo moi intenso, porque cada vez queríamos ir un pouco máis alá», añade. El resultado «é un produto de calidade no que non se tira nada, nin a embalaxe, todo ten unha segunda vida», explica.

Los regalos de SuMaS

SuMaS es el nombre con el que han bautizado estos nuevos productos, unos conjuntos de regalo en los que hay piezas de madera y galletas, fusionando así alimentos y artesanía. Son productos saludables, de proximidad y presentados en envases elaborados con materiales respetuosos con el medio ambiente. Los hay para los más pequeños, que incluyen un nido de pájaros con galletas en su interior y con unos lápices artesanales para que después puedan decorarlo. También para los mayores, con un tamiz, platos de madera, galletas saludables y una bolsa de algodón. Los lotes están envueltos en redes, «as que xa non usan os mariñeiros da Illa de Arousa e que se poden reutilizar», explica Ana.

Uxío y María muestra sus productos
Uxío y María muestra sus productos

El paquete de regalo tiene otras dos características destacadas. La primera, que nada de lo que se incluye en ese lote, ni siquiera el embalaje, se tiene por qué tirar a la basura. «Todo pode ter un segundo uso», asegura Ana. Y, ahí es donde entra la segunda, que el agasajado pueden echarle toda la imaginación que quiera para reutilizar esos materiales. «Propoñémoslle á xente que lle bote imaxinación. Por exemplo, os niños se pódense pintar ou se lles poden por nomes de paxaros, que van escritos nos lapiseiros de sabugueiro. Hai que pensar ¿como o podo decorar? Todo se pode personalizar», añade. Los consumidores podrán compartir esas propuestas de reutilización en las redes sociales con lemas como #eusumo #eusomomoniño o #eusumopeneira.

Los paquetes incluyen también una parte gastronómica, que es la que aporta Maruxío. Son sus famosos Rebolos, unas galletas ecológicas de las que hay siete variedades diferentes. «Temos catro que son veganas, que teñen moita demanda, e despois temos tamén variedades de abelá e chocolate, por exemplo», cuenta María Rivas, alma máter de Maruxío Terra e Sal junto con Uxío. Producen parte de los ingredientes que utiliza en su elaboración y, los que no, los adquiere en empresas cercanas, como los arándanos de A Estrada o el licor de carabuñas de Sabugueiro. Es el espíritu colaborador que pervive en la aldea y que permite dar forma a nuevos negocios.

La tradición de los torneiros y la vuelta a la tierra

Atalanta y Maruxío son dos proyectos completamente diferentes, pero que tienen mucho en común. Ambos se ubican en el municipio de A Estrada y comparten esa pasión por el medio rural, ese apego a la tierra. La artesanía de la madera es la pasión de Ana e Isabel, que han heredado el negocio de sus antepasados y que han tenido que reinventarse. La tierra y los productos naturales son lo que buscaban Uxío y María cuando hace un año decidieron rehabilitar un inmueble para convertirlo en un alojamiento en el que impartir y organizar todo tipo de charlas relacionadas con la tierra y con la salud.

«Por un lado facemos galletas saudables e ecolóxicas, que se venden en tendas de toda Galicia, e por outro ofrecemos un aloxamento para descansar e onde ofrecemos todo tipo de formación relacionada cos alimentos e coa saúde», cuenta María. Su experiencia comenzó hace un año «e estamos supercontentos». De hecho, está muy habituados a colaborar con otras pequeñas empresas y colectivos de toda Galicia, «porque creamos sinerxías e poñemos en valor o trabalo dos outros. Temos tamén un espazo para exposicións e organizamos todo tipo de actos, coma presentacións de libros. Queremos revitalizar o rural», añade. Algunas de sus actividades se han visto paralizadas por el covid-19 pero, a cambio, «noto bastante que a xente está apoiando ao pequeno comercio e temos moita demanda dos nosos produtos», explica.

Ana e Isabel, por su parte, cogieron el negocio familiar y lo reinventaron. «Aquí fixéronse moitas billas para os pipotes de viño, pezas de mobles e xoguetes e todo iso o vivimos de cerca porque me avó era moi bo contador de historias», cuenta Ana. Las mueblerías centraron el trabajo de su padre pero «cando esa moda do moble torneado se veu abaixo» ellas optaron por buscar una nueva salida. Su pasión era también la gastronomía y así nació Atalanta. «Empezamos a facer pratos de madeira que son moi finos e que se poden lavar, espátulas, concos...», explica. Una de sus piezas más icónicas, un cascanueces, está a la venta en la tienda de la Tate Modern de Londres. Otros han llegado hasta Japón y los países nórdicos.

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