El jabalí, viejo enemigo del ganadero, deja un reguero de daños en la comarca

Vuelve el problema de todos los años, y las últimas lluvias no han ayudado


Carballo / La Voz

Con música a todo volumen, con restos de pelo, con gasolina, con reclamos luminosos o incluso con luces navideñas protegen algunos productores los perímetros de sus fincas de maíz, y aun así, es insuficiente: el jabalí siempre va un paso por delante. Ya lo advertía estos días el presidente de la Federación Galega de Caza en A Coruña, José María Álvarez: es un animal mucho más inteligente de lo que la mayoría piensa, y enseguida se adapta a productos como los repelentes comerciales.

Según se van logrando las cosechas de maíz, aumentan de forma paralela los sustanciales daños generados por estos animales cuando bajan a las fincas a alimentarse. Cuanta más espiga, más delicioso, por eso la época de mayores desperfectos empieza en agosto y se prolonga también hasta septiembre.

A lo largo y ancho de la Costa da Morte se ven ya grandes superficies de maíz hecho tumbado tras el paso de estos animales, lo que genera pérdidas cuantiosas sobre todo para los ganaderos que plantan variedades forrajeras para alimentar a sus reses. «Isto é unha desfeita», se lamenta Rafael Amarelle, de Centiña (Coristanco), que lleva unas dos semanas lidiando con ataques constantes a sus plantaciones. Él siembra alrededor de 110 hectáreas, con lo que considera «inviable» proteger toda su cosecha con métodos como el cerco eléctrico, por ejemplo. Ha optado, ya que ha comenzado el período hábil, por ponerse en contacto con una agrupación de cazadores y que, de alguna manera, se autorice una batida por la zona, a ver si así se puede reducir la población y minimizar los daños.

Víctor Gómez, de Os Corraliños de Muxía, tiene unas 25 hectáreas sembradas para su producción de leche ecológica. Si bien otros ganaderos han empezado a sufrir daños en sus plantaciones después de las últimas lluvias, en su caso los ataques del jabalí se remontan más de tres semanas. «De momento non foi a demasiadas fincas, só ás que teñen máis espiga», relata. En esos terrenos han colocado cierres electrificados, para cortar el acceso a los animales. Coincide con Amarelle con que no es una medida que pueda aplicar a toda su producción, y eso que es bastante inferior a la del coristanqués. Económicamente sería inviable. «Imposible», dice, «por agora imos poñéndollo ás que xa están afectadas e algo faille, pero sempre vai un paso por diante», asegura.

El caso de estos ganaderos no es único en la comarca: ellos mismos lo han hablado con otros productores que están en la misma tesitura, y el representante de la Federación Galega de Caza en A Coruña confirmaba esta semana a La Voz que el número de avisos se ha multiplicado en las últimas semanas, y desde muy diversos puntos de la comarca.

Aun así, y como reconoce José Manuel Gil, que tiene una granja en Cores (Ponteceso), lo peor está aún por llegar. «A mediados de setembro verase de verdade se hai xabaril ou non o hai. De momento aínda hai plantacións que están algo verdes e ás que o animal non vai», explica. En su caso, todavía no ha sufrido grandes desperfectos en su cosecha de 70 hectáreas de maíz, pero se mantiene alerta por lo que pueda suceder en las próximas semanas, una vez las plantas se hayan desarrollado más. El año pasado, indica, sufrió pérdidas cuantiosas.

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