El riesgo de granizo pone en jaque a un viñedo tocado por los hongos

La mayor parte de la zona estará en alerta por tormentas hasta este miércoles

La mencía adquirió la caracteristica tonalidad azulada que anuncia la proximidad de la vendimia
La mencía adquirió la caracteristica tonalidad azulada que anuncia la proximidad de la vendimia

MONFORTE / la voz

Nunca llueve a gusto de todos, dice el refrán. En el campo, y en particular en la viña, rara vez se equivoca. Después de casi dos meses de sequía, se anuncian fuertes precipitaciones para el martes y el miércoles. La mayor parte del sur de la provincia de Lugo estará en alerta por ese motivo en ambas jornadas. Nada que objetar a la lluvia, de la que andan muy necesitadas las vides. El problema es que los meteorólogos advierten también del riesgo de granizadas, lo peor que le puede pasar a los viticultores en la cuenta atrás para la vendimia. En solo unos minutos, pueden perder el fruto de muchos meses de trabajo.

La campaña vitícola en la Ribeira Sacra está siendo complicada como pocas este año. Las heladas primaverales frustraron parte de la producción en amplias zonas al quemar los racimos recién brotados. En los meses posteriores, cuando se aliaron el calor y la elevada humedad, hongos como el mildiu o el black-rot causaron importantes pérdidas en todas las subzonas de la denominación de origen. Por si eso fuera poco, desde marzo se vienen sucediendo episodios tomentosos cuya especial querencia por las zonas de ribera trae de cabeza a los cosecheros.

Precedente en O Bibei

Hasta la fecha, las viñas de la Ribeira Sacra esquivaron las temidas granizadas que en muchas ocasiones acompañan a esos episodios meteorológicos. Los daños por el pedrisco únicamente afectaron a las laderas de Soutipedre, en la subzona de O Bibei, como consecuencia de una fuerte tormenta que descargó a comienzos de agosto del lado ourensano de la denominación. Pero un viejo dicho asevera que la uva no está a salvo hasta que entra en la bodega. Y existen precedentes no muy lejanos de tormentas que se llevaron por delante la cosecha por estas mismas fechas.

En la vendimia del 2016, la ribera de Doade amaneció arrasada por el granizo un 16 de agosto. Al año siguiente le tocaría el turno a Amandi, aguas abajo del cañón del Sil, aunque en este caso la piedra descargó a mediados de julio. El mismo cambio climático que provoca que la uva madure cada vez con mayor prontitud, también parece estar propiciando un llamativo incremento de episodios tormentosos de gran virulencia.

La cosecha de uva, como el año meteorológico, se caracteriza por los fuertes contrastes. Hay viñas diezmadas por los hongos y otras que, por la mayor eficacia de los tratamientos que le fueron aplicados, están repletas de racimos. La mencía, variedad tinta mayoritaria en la zona, ya es inmune a estas alturas a la mayor parte de las enfermedades de la vid. Solo la podredumbre, si el mes de septiembre es inusualmente lluvioso, puede recortar ahora la producción. Eso y la inoportuna virulencia de una tormenta estival. Toquemos madera.

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