Viños da Terra cobra impulso con la incorporación de la bodega Cazapitas

La firma pretende lanzar al mercado unos 4.000 litros de raposo y ratiño


ribeira / la voz

Desde que, en el 2006, un grupo de bodegueros lograron el reconocimiento como indicación geográfica Viños da Terra para los caldos producidos en las áreas de Barbanza e Iria, la lucha se ha orientado hacia el crecimiento y la especialización, buscando convertir este sector en uno de los puntales de la zona a nivel agrícola. Y, poco a poco, el esfuerzo va dando sus frutos. El proyecto surgió impulsado por tres bodegas, una cifra que de cara a la próxima cosecha estará duplicada. La última incorporación es Cazapitas, una firma que inició su andadura en el 2013 en Tomiño y que ahora procesará en esta comarca las uvas de las plantaciones con las que cuenta en Boiro y Rianxo.

Este proyecto empresarial es el resultado del trabajo aportado por tres socios, Juan Chamorro, Manuel Calzado y el rianxeiro David Rial; que un día se reunieron en un garaje con el propósito de realizar varias pruebas con uvas raposo, albariño y treixadura. Al año siguiente, en el 2014, ya tenían su primer caldo, un albariño, en el mercado y poco a poco se fueron haciendo con terrenos para ampliar su producción, en cantidad y también en variedades.

En el 2016 formalizaron su desembarco en Barbanza y será en el vino resultante de las uvas que en breve empezarán a madurar en el que añadan la etiqueta de la indicación geográfica Viños da Terra, que cobrará impulso con esta incorporación. Fue la presencia en esta sociedad de David Rial la que propició su desembarco en Barbanza, donde la bodega trabaja en la recuperación de variedades propias de la zona.

Vínculo con el casco de Leiro

Una de ellas es la raposo, presente en las cepas centenarias que la firma posee en Abanqueiro y que lanza al mercado bajo la etiqueta Cazapitas. La otra es la ratiño, una variedad muy antigua en la que estos emprendedores vieron un gran potencial. El caldo resultante se comercializará con el nombre O Peruco, en homenaje a José María Vicente Somoza, el rianxeiro que en 1976 halló en Leiro el casco de oro, una importante pieza arqueológica que se exhibe en el Castelo de San Antón, y que es el abuelo de la mujer de David Rial. Él era el propietario de algunos de los viñedos que ahora forman parte de esta bodega, propiciando su conservación hasta la actualidad.

Pese a que falta por ver lo que da de sí la cosecha, la intención de esta firma es comercializar unos 4.000 litros con la etiqueta de Viños da Terra. La producción de la indicación geográfica podría situarse en torno a los 100.000 litros si se repiten las cifras del año pasado. Y la idea es seguir creciendo.

Convencidos del potencial que tiene la viticultura en la comarca, los impulsores de Viños da Terra tienen varios frentes de expansión abiertos. Uno de ellos pasa por habilitar una plantación de unas 15 hectáreas en el municipio de Rianxo. El bodeguero pobrense Francisco Crusat explicó que hay contactos con el Concello para sacar adelante esta iniciativa y que el objetivo es extenderla después a otros municipios de la comarca: «En la zona de las Rías Baixas se consiguieron grandes unidades de producción con los montes vecinales, pues la rentabilidad del arrendamiento del monte es cinco veces más alta que la del eucalipto, a lo que hay sumar la reducción del riesgo de incendios».

Crusat señaló, como otro de los retos, la constitución de una cooperativa, pues hay unos 500 viticultores en la zona.

Mucho por andar

Recuerdo cuando las viñas estaban limpias, bien cuidadas y, llegada esta época del año, repletas de uvas. Rara era la casa de la aldea en la que no se hacía vino casero. Pero las nuevas generaciones apostamos por dedicar nuestros esfuerzos a trabajos que nos reporten beneficio económico directo y muchos viñedos, como otras producciones agrícolas, acabaron cayendo en el olvido. Quizás hay todavía opción de recuperar algunos, por lo que urge encontrar la forma de rentabilizarlos.

Las expectativas de esta cosecha son buenas en cuanto a cantidad y calidad

Aunque queda más de un mes por delante y hasta que las uvas no estén en la bodega existe riesgo, las expectativas de cara a la próxima cosecha de Viños da Terra son muy buenas. «Hay cantidad de uva y muy limpia», sentenció Francisco Crusat, el principal impulsor del reconocimiento de la indicación geográfica. Después de que el tiempo se portara durante los meses de junio y julio, la mirada de los viticultores está ahora puesta en la humedad y las nieblas que suelen registrarse entre finales de agosto y principios de septiembre: «Los grandes peligros son los hongos, sobre todo el oídio, el black rot y, muy especialmente, la Botrytis, que afecta fundamentalmente al raposo», detalló el bodeguero de A Pobra.

De seguir el verano seco y soleado, es probable que se adelante la recolección de las uvas y arranque ya a principio de septiembre con el raposo, para continuar después con el albariño.. Si nada se tuerce en esta recta final, Francisco Crusat cree que Viños da Terra puede estar ante una de sus mejores cosechas.

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