Rotación de cultivos, un aliado para cumplir los objetivos del «Green Deal»

Combinar el cultivo de maíz con praderas y leguminosas aporta nitrógeno al suelo, lo que reduce los fertilizantes químicos

En el suelo de maiz, el suelo está compactado y se erosiona. En la pradera adyacente se siembra una pradera entre la cosecha del maiz y la siembra del siguiente cultivo para proteger al suelo de la erosión, corregir la compactación y aporta nitrógeno
En el suelo de maiz, el suelo está compactado y se erosiona. En la pradera adyacente se siembra una pradera entre la cosecha del maiz y la siembra del siguiente cultivo para proteger al suelo de la erosión, corregir la compactación y aporta nitrógeno

redacción

Rebajar el uso de fertilizantes al menos un 20 % en el 2030 o reducir en ese mismo horizonte las pérdidas de nutrientes del suelo en un mínimo del 50 %, sin alterar la fertilidad del suelo. Esos son algunos de los objetivos de la estrategia De la granja a la mesa, enmarcada dentro del Green Deal que promueve Bruselas para frenar el cambio climático. Y ahí es donde la rotación de cultivos, una práctica incentivada ya por la UE, juega un papel fundamental como aliada de los agricultores a la hora de poner su grano de arena para el cumplimiento de esos objetivos. Porque como explica el el profesor de restauración de suelos degradados de la USC, Agustín Merino, combinar, por ejemplo en el caso de Galicia, el cultivo de maíz en verano con la pradera en invierno produce grandes beneficios al suelo porque las raíces de las gramíneas frenan la erosión, aportan materia orgánica y, además, esa combinación de especies fomenta la biodiversidad evitando la proliferación de plagas. Además, si en medio de la pradera se introduce el cultivo de especies leguminosas como el trébol, lo que se está haciendo es aportando nitrógeno al suelo, «lo que rebaja el uso de fertilizantes químicos». Porque, como dice este experto, «por su proceso natural las leguminosas son capaces de atrapar el nitrógeno en el aire, incorporarlo a sus proteínas y cuando sus tejidos mueren, el nitrógeno queda en el suelo». De ahí que lo normal, según añade, «sobre todo que en cultivos en hilera como maíz, trigo o centeno, que son granos muy exigentes, se alternen otros cultivos como las praderas, o plantas como las judías o el sorgo, de nueva introducción en Galicia, porque fijan nitrógeno, que es uno de los nutrientes fundamentales para los cultivos».

Este profesor incide en la importancia de esas rotaciones para cuidar el suelo porque lo que se sabe « es que el monocultivo reiterativo de una misma cosecha genera problemas». Además explica por qué: «En el caso del monocultivo, durante la época que se desarrollan los vegetales el suelo está cubierto, pero una vez que se recoge la cosecha, el suelo queda desnudo hasta la próxima plantación. En el caso del maíz, una de las especies más comunes en Galicia para alimentar el ganado, después de octubre todo el terreno queda abandonado durante invierno. Y la compactación de la cosechadora al recoger hace que no rebroten hierbas. Por tanto, el suelo queda desprotegido y desnudo. De ahí que cuando más llueve, genere problemas de erosión y compactación». Solo por eso basta practicar la rotación.

«Greening», un incentivo para diversificar las cosechas

Hace años que la política agraria común (PAC) favorece las prácticas beneficiosas con el clima, fundamentales ahora para cumplir los objetivos de neutralidad climática que se ha marcado el Ejecutivo europeo. Y, como no, estimula la implementación de esas medidas con un apoyo financiero popularmente conocido como greening. La rotación y la diversificación de cultivos es una de las prácticas susceptibles de recibir esa inyección de fondos.

Las premisas que han de cumplir los agricultores que quieran acceder a esas ayudas de Bruselas son claras: Tendrá que plantar al menos dos cultivos diferentes en el caso de que los terrenos arables de su explotación tengan una dimensión de entre 10 y 30 hectáreas. Además de que uno de ellos tiene que ser una especie proteica para retener más cantidad de nitrógeno en el suelo, el cultivo principal no podrá ocupar más del 75% del terreno. Pero cuando las tierras agrarias superen las 30 hectáreas, el agricultor o ganadero ha de plantar al menos tres especies diferentes. Los dos principales variedades tampoco pueden superar el 95 % del terreno trabajado en la granja. Además, como explican desde Unións Agrarias, los cultivos proteicos no deben repetirse durante dos campañas.

Una particularidad del greening es que los cultivos de invierno y primavera se entienden como diferentes, aunque pertenezcan al mismo género.

Como ejemplo de cultivos proteicos reconocidos por el Ministerio de Agricultura están la veza, los veros, las algarrobas, los titarros, las almortas, la alholva, la alverja, la alverjón, la alfalfa, la esparceta o la zulla. Pero además de estas leguminosas también están los guisantes, las habas o los altramuces.

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