Comienza el ensilado de forraje con una normalidad relativa

La campaña, indispensable para garantizar el alimento del ganado, ha puesto en marcha medidas para evitar contagios

c. viu
mazaricos | carballo

La actividad en el campo continúa pese a la extensión del coronavirus. De hecho, con la llegada de la primavera y el buen tiempo incluso se ha intensificado de forma importante. ¿Por qué? Porque son muchas las granjas en las que ya ha comenzado la campaña de ensilado del forraje. «As vacas son coma as persoas e tamén teñen que comer todos os días. Mentras se poida temos que atendelas como fixemos sempre». Así de rotundo se manifestaba en la tarde ayer un ganadero de la parroquia mazaricana de Maroñas que se afanaba en repartir por el silo la hierba que llegaba en un gigantesco remolque.

Aunque el trabajo es duro ha cambiado mucho con los tiempos. De hecho, ahora no es complicado mantener las medidas de seguridad. «Está todo tan mecanizado que non temos máis contacto que o que falamos, uns cos outros, polas emisoras dos tractores. Non é coma antes que había 20 persoas no silo, agora un so da feito de sobra», explica el profesional que, sin embargo, reconoce haber tomado ciertas precauciones para minimizar el riesgo de posibles contagios: «É certo que antes comiamos o bocadillo ou xantábamos todos xuntos pero este ano decidimos que cada un comese na súa casa. Aparentemente non temos risco pero calquera precaución é pouca», precisa.

«Está todo tan mecanizado que non hai máis contacto que falar pola emisora»

En el caso de que todo vaya según lo previsto, durante las próximas dos semanas se recogerá en la zona la superficie de forraje equivalente a más de 2.000 campos de fútbol. En cambio, para el agricultor Víctor Gómez, de Muxía, la cosecha no ha sido tan abundante este año como las anteriores. Ahora se dedica a la leche ecológica que le deja más beneficios que la tradicional, pero que tiene como inconveniente que no puede recurrir a los abonos. Esto se lo ha traducido en una hierba menos frondosa y más corta. También ha tenido que ver el hecho de que hayan empezado algo antes, aprovechando el buen tiempo, ya que todo el mundo en el campo tiene claro que estos días soleados y secos acabarán al mismo tiempo que la semana.

Esta labor tradicional comienza con la recolección de la hierba con unas enormes segadoras rotativas enganchadas al tractor que, además de cortarla, la deja completamente esparcida por la finca. El objetivo es que seque y se deshidrate al sol entre 24 y 48 horas, tras lo que una especie de rastrillo mecánico la coloca en hileras para facilitar su procesado con la cosechadora. Esta máquina _la misma que se utiliza para la recolección del maíz, aunque con un cabezal diferente_ pica el forraje y lo deposita en los remolques que lo trasladan hacia la explotación. Una vez allí, se reparte a lo largo del silo, se compacta y se cubre con una lona plástica que, impidiendo la entrada de luz y aire, permite su correcta conservación.

La mayor parte de estos trabajos son contratados por los ganaderos a empresas de servicios especializadas que poseen maquinaria de gran tamaño con la que poder recolectar enormes cantidades de terreno en poco tiempo. Así, una moderna cosechadora _su precio supera los 400.000 euros_ consigue ensilar en una jornada normal de trabajo el terreno que ocuparían más de 40 campos de fútbol.

Con todo, y aunque cada operario trabaja en su propio tractor, equipado con una cabina totalmente cerrada, sí se han visto trabajadores protegidos con máscaras y guantes. Tanto en sus traslados entre las diferentes explotaciones como al bajar de las máquinas para llevar a cabo tareas de mantenimiento.

Pronto empezará el maíz

La recogida de la hierba está en marcha, pero en otoño llegará la recolección del maíz. Antonio Sánchez, de Langueirón, explica que esta última es la labor más importante, puesto que de ella depende la viabilidad de las granjas, dado que este cereal es la base de la dieta de los animales a lo largo de un año. De ese silo dependerá la producción y la calidad de la leche.

La preparación de las tierras que servirán para alimentar el ganado está claro que tiene estos días a todo el colectivo ocupado. Porque en nada comenzarán a echar el purín, para que el terreno vaya ganando riqueza.

Han notado, además, que aunque la hostelería ha dejado de consumir leche y derivados, ha aumentado la compra en las viviendas, por lo que no hay problemas de precios o de salida para el producto. Pero también se ha registrado una caída en la cotización de los animales que van a los mataderos, sobre todo de las vacas viejas, cuyos chuletones son muy apreciados por los restauradores, pero sin casi interés para la vida doméstica.

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