Un guisante de libro en la Terra Chá

En la parroquia xermadina de Momán se conserva la variedad Chícharo da cova


VILALBA / LA VOZ

No es casualidad que algunos municipios de la Terra Chá fuesen elegidos por la IXP Pataca de Galicia para formar parte, con otros de A Mariña, de una subzona de producción del tubérculo con sello oficial: el cultivo tuvo gran arraigo en la comarca. Pero uno de esos ayuntamientos, Xermade, puede además presumir de que produce un guisante especial, presente incluso en un volumen de la Xunta, Chícharos de Galicia.

La variedad se denomina Chícharo da cova, en alusión al barrio de A cova do Vilar, situado en Momán (Xermade). Hace años, en esa zona del municipio quedaba una persona que lo cultivaba. Llegó a tener poco más que un puñado de semillas, aunque en aquella época Susana Trastoy -entonces técnica de la desaparecida cooperativa Xertigán, con sede en Momán- participaba en un proyecto de recuperación de especies hortícolas autóctonas de la agrupación Agroalimentaria do Eume.

Trastoy llegó a interesarse por el asunto en el Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo, y personal de ese organismo se desplazó a Momán. De la visita salió un estudio en el que se comprobó que se trataba de una variedad propia, y como tal quedó catalogada. En ese momento quedó bautizada como Chícharo da cova.

La parte que podría considerarse de recogida de documentación no supuso el final de la historia. Años después, en Mabegondo siguen plantándose algunas semillas; por su parte, la cooperativa Almoga, que tiene la sede en Vilalba y que conserva personal y socios que formaron parte de Xertigán, se sumó, con la Asociación Galega de Cooperativas (Agaca) y con el Centro Tecnolóxico da Carne, a un proyecto de grupos operativos, que funciona con fondos del programa comunitario Feder, con una subvención de 30.500 euros.

Se acordó continuar la línea de investigación, teniendo en cuenta que se trataba de un cultivo digno de protección por su escasa implantación. La iniciativa forma parte de un proyecto trienal (2018-2020), y de una de las fincas piloto, con una superficie de 30 metros cuadrados, salió el año pasado una cosecha de 50 kilogramos de vainas verdes y de nueve de grano seco. Una de las peculiaridades de esta variedad es que se puede consumir en seco, cocido. Susana Trastoy comenta que si se come cuando está verde, tiene un sabor similar al de cualquier otro guisante, mientras que si se toma seco, sabe como un garbanzo aguisantado.

Trastoy, que trabaja en Almoga y que participa en el proyecto, explica que el cultivo se lleva a cabo con un modo prácticamente ecológico. Las fincas se abonan con algo de estiércol -y a veces, comenta, «ni eso»-. Ella recuperó para esta experiencia una parcela que no se tocaba desde hacía unos 30 años, por lo que tenía abundante materia orgánica y la planta creció con rapidez.

También fue creciendo el número de parcelas de cultivo, puesto que Trastoy repartió semillas a productores de huerta y a ganaderos. Con la experiencia avanzando ya con total firmeza, pensar en una posible comercialización del producto parece más que una simple ocurrencia. Trastoy destaca, en primer lugar, que se ha conseguido algo tan valioso como el mantenimiento de la variedad; y agrega que se prevé celebrar un acto informativo en Xermade, acompañado seguramente de una degustación.

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