Una poda para que las cepas lleguen a viejas

Los cortes mal realizados contribuyen a la propagación de las enfermedades de la madera

Los viñedos registran en esta época del año una inusual actividad. Cuando llega el mes de febrero, la poda ya no admite más retrasos. Hay quien madruga y la inicia a finales de noviembre, poco después de la caída de la hoja. La mayoría de los viticultores, sin embargo, prefieren retrasarla. Cuanto más tarde se poda más tardan en brotar las vides. Y a menor desarrollo vegetativo menor exposición a las temidas heladas primaverales. Las cepas saldrán pronto de la parada invernal y ahora hay que echar mano de la tijera sí o sí.

De la pericia del podador no solo depende el volumen y calidad de la producción de la siguiente cosecha. Está en juego también la salud del viñedo y su mayor o menor longevidad. Las enfermedades de la madera son de un tiempo a esta parte, el principal quebradero de cabeza para los viticultores. Las cepas se secan, mueren antes de tiempo. Para los expertos, los errores en la poda tienen mucho que ver en ello. Estas son algunas recomendaciones básicas para realizarla correctamente:

 

Fechas

La ubicación manda. La poda de la vid es una labor obligada. Sin ella crecería hasta convertirse en una especie de arbusto y el fruto sería de muy baja calidad. Se lleva a cabo en el período de parada vegetativa de la planta, pero no hay una recomendación sobre cuándo iniciarla que sea válida para todos los casos. En viñas bien abrigadas, no hay problema en adelantarla a diciembre o finales de noviembre. Si hay riesgo de heladas primaverales, mejor aguardar a enero o febrero.

Productividad

Cada cepa varía. A la hora de decidir cuántas yemas se dejan hay que valorar el vigor de cada planta. No todas las vides aceptan podas largas. El grosor y longitud de los sarmientos que se van a cortar indican la fortaleza de la vid y la poda que le conviene. La fertilidad del viñedo es muy importante, pero también el tipo de variedad. La mencía tiene yemas productivas cerca de la base, mientras que en otras castes, como es el caso del brancellao, tienden a alejarse y por lo tanto conviene dejar varas más largas.

Desinfección

Conviene limpiar las tijeras. Los expertos recomiendan limpiar las tijeras con alcohol o agua oxigenada después de podar una cepa enferma. La desinfección de la herramienta impide que se propaguen a otras plantas los hongos que causan las enfermedades de la madera. Respecto a los restos de poda, se aconseja apilarlos y proceder a su quema con ese mismo fin.

 Cortes

Mejor rebajes graduales. Los cortes de poda más drásticos, con los que se suprimen brazos de las cepas, suponen un grave riesgo de infección. Mejor es evitarlos, pero en caso de tener que hacerlos conviene que el rebaje sea gradual. Es mejor dejar la parte más próxima al tronco sin cortar y hacerlo en la poda siguiente cuando la madera haya secado. Este tipo de precauciones son muy importantes al reconvertir a espalderas las tradicionales construcciones en vaso, sin alambres y con cepas de porte bajo.

 Meteorología

Tiempo seco y sin heladas. La poda con lluvia está desaconsejada por el riesgo de propagación de hongos. También deben evitarse las primeras horas del día después de heladas intensas, porque los cortes que se practiquen en las cepas no serán tan limpios. Hay viticultores que evitan podar en determinadas fases lunares por su influencia en la savia. Entre el cuarto menguante y la luna nueva es, según la tradición, el mejor momento.

Votación
12 votos
Comentarios

Una poda para que las cepas lleguen a viejas