zaragoza

Nada más cruzar la puerta del pabellón 7, uno de los más grandes entre los once que componen La Feria Internacional de Maquinaria Agrícola de Zaragoza (FIMA), lo primero que se escucha entre los últimos modelos de John Deere, New Holland, Same o Claas, es el acento gallego. Se oye el de Manolo Díaz, de la lucense Comercial Cereijo, importadora para toda España de marcas como Gaspardo y Morangón, y que ha traído a la feria aragonesa, sobre todo, segadoras, desbrozadoras y gradas rotativas. Unos pasos más adelante, detrás de una cuba de purín que incorpora los últimos sistemas de aplicación, está otra cara conocida, la de Crisanto Capelo Quintáns, de Talleres Capelo (Olveira-Dumbría). Este profesional, un referente en las comarcas de Xallas y la Costa da Morte, ya ni se acuerda de la cantidad de años que lleva a acudiendo a FIMA. Esta vez lo ha hecho acompañado de otros vecinos de Olveira. Son amigos y clientes suyos, que al igual que otros muchos gallegos no han dudado en meterse entre pecho y espalda casi 1.800 kilómetros de carretera (entre la ida y la vuelta)  para ver las últimas novedades en tecnología agraria. Lo han hecho tanto para analizar en detalle aquellos equipos que podrían incorporar a sus instalaciones, como para ver de cerca los últimos prodigios mecánicos del sector primario. Es algo parecido al que acude al Salón del Automóvil de Vigo tanto para ver el utilitario que se puede comprar como el superdeportivo con el que sueña.

Capelo se fija especialmente en los aplicadores de purín, porque sabe que el modelo de distribución con plato tiene los días contados en Galicia. No hay más que ver lo que está ocurriendo en otras comunidades. «Cando o río sona, auga leva», señala. De ahí que acabe teniendo un impacto importante en la maquinaria que se comercialice en Galicia. El Gobierno gallego ha pedido que se amplíe el permiso para usar este método acogiéndose a las particularidades de la comunidad, pero habrá que ver cómo acaban aplicando la normativa española que poco tiene que ver con el sector en Galicia al responder más bien a problemas generados por el purín de las macrogranjas, sobre todo las de cerdos de Lérida.  

En cualquier caso, este comercial está atento a todo. Lleva muchos años en el sector y, aunque no se sorprende fácilmente, es complicado que no encuentra algo. De hecho, asegura que ha llegado a cerrar operaciones comerciales en la feria y que actualmente tiene aún proveedores que conoció en este certamen. «Nós viñemos dous días, porque senón non che da tempo a nada, pero, se lle fas caso, botarías aquí toda a semana», señala Capelo. Pero reconoce que las probabilidades de encontrar novedades cada vez son menores. «E que hoxe en día xa se coñece todo, xa estás informado de todo, porque se encargan diso os comerciais durante todo o ano», incide. De todos modos, incluso para los más avezados resulta complicado no sorprenderse en un recinto de más 163.000 metros cuadrados, en el que se dan cita desde este martes  y hasta el sábado 1.653 marcas expositoras llegadas de 38 países repartidos por los cinco continentes.

Para hacerse una idea, durante la pasada edición del 2018 -la feria es bianual y lleva celebrándose 56 años-, recibió más de 240.000 visitantes, mientras que la última edición de Feria Internacional de Turismo (FITUR) de Madrid, en su 40 aniversario y con récord histórico, alcanzó los 255.000. Incluso el tan comentado Mobile World Congress de Barcelona del 2019, también con récord, apenas alcanzó las 109.000 visitas. Y eso que el mercado de los teléfonos móviles es bastante más generalista que el de los tractores. E incluso llegó a hablarse de catástrofe económica para Barcelona por la suspensión del Mobile de este año a causa del coronavirus, un asunto del que apenas se ha hablado siquiera en ZaragozaLas únicas mascarillas que se pueden ver estos días en la feria son las utilizadas para la aplicación de fitosanitarios y lo más parecido a medidas específicas de seguridad relativas a esta casi psicosis mundial es algún bote de gel alcohólico para limpiarse las manos que se veía de refilón en alguna mesa. 

No parece importar mucho que haya expositores llegados de Oriente, como la japonesa Kubota; delegaciones comerciales de Corea del Sur; un stand con nutrientes para plantas de origen chino y medio centenar de empresas italianas, dado que este país mediterráneo es una potencia mundial del sector. 

El principal atractivo de FIMA son las novedades del sector, que no solo se quedan en la maquinaria. Porque en Zaragoza están desde las grandes empresas químicas a nivel mundial hasta las aseguradoras, pasando por una pequeña firma que vende ropa solidaria con lemas agrarios. Sea lo que sea, desde una tijera de podar que ata la viña de manera neumática, hasta una segadora de radio control, si existe o va a existir en los próximos años está, como mínimo, esbozado en esta feria. Por algo es una de las más importantes de Europa, junto con las de Alemania, Italia y Francia.

De ahí que un total de una docena expositores gallegos no quisiesen perderse la cita. Desde Durán Maquinaría Agrícola de Lugo, que incluso ha logrado una medalla de plata de innovación técnica, hasta TMC Cancela (Anxeriz-Tordoia), que tiene fuera de la feria el anuncio más espectacular de todos, incluso por encima de las grandes marcas, y dentro un espacio reservado también a las principales empresas que abonan este campo. 

«Ven moito agricultor que coñece aquí o producto» 

Manolo Díaz, de la luguesa Comercial Cereijo, explica que FIMA, junto con Hannover (Alemania), París (Francia) y Bolonia (Italia), es la feria más importante del sector que se celebra en Europa y en la que, por tanto, hay que estar. «Nós o que buscamos é distribuidores, non vendemos ao cliente final. Somos importadores para toda España, península e illas, e entón co que tratamos é co distribuidor», explica Díaz, para quien eso no significa que la feria no tenga atractivo para los particulares. De hecho, como lleva muchos años asistiendo, sabe de primera mano que la parroquia gallega que se acerca a Zaragoza es más que numerosa. 

«Vén moito agricultor que, ao mellor, coñece aquí o produto que ofreces e despois pode chegar a adquirilo a través de algún dos distribuidores», añade el comercial, quien detalla que el 90 % de las referencias que trabajan en estos momentos son importaciones italianas. De hecho, entre lo que llevaron a feria destaca una desbrozadora arrastrada que, aparentemente, ofrece grandes posibilidades para limpiar cunetas y márgenes de fincas, ya que sin la complejidad, averías y precios de las de brazo, permite trabajar en talud, a nivel de suelo e incluso por debajo de él.

 

«Saber investir e ver que tipo de máquina vai mellor é fundamental»

El mazaricano José Miguel Calo Rial, Miguel de Castro, tiene una empresa de servicios agrarios en crecimiento continuo. Es Germiar Xallas, que se está convirtiendo en todo un referente para los ganaderos de la comarca de Xallas y de su entorno próximo. De ahí que estar a la última en maquinaria no sea un capricho, sino una necesidad. De hecho, el ya llegó a Zaragoza el lunes, un día antes de que abriese la feria, porque tenía operaciones previstas. Por ejemplo, la reina de las cosechadoras de maíz expuestas en la feria, la Claas Jaguar 960, estará en unos meses trabajando por Mazaricos, Negreira, Santa Comba, A Baña, Dumbría... y otros municipios del entorno. «Normalmente cando chegas aquí xa vés coa compra feita e o que tentas é apretar un pouco máis, todo o que poidas. Agora mesmo estou tratando a ver se son quen de lle sacar 6.000 euros aquí a estes», explica Miguel con una sonrisa, mientras mira a José Ramón Lois, de Taramancos (Noia) y al resto de comerciales de New Holland, con los que está negociando un tractor.

«Saber investir e ver que tipo de máquina vai mellor é fundamental», incide este profesional que, por ejemplo, ha conseguido ganar y fidelizar a muchos clientes con un sistema de machado de grano del maíz que solo tienen estas cosechadoras de Claas y que, según los expertos, mejora la digestión y la absorción de los nutrientes por parte de los animales. Lo introdujeron hace tres campañas y, con esta, van por su cuarta máquina. Cuesta 340.000 euros, a los que hay que sumar otros 120.000 de un cabezal de corte de 10 líneas. Todo eso con una duradibilidad limitada, porque si bien es cierto que el motor de la máquina en la mayoría de los casos es de por vida, hay piezas de desgaste, que además cuestan decenas de miles de euros, que hay que cambiar cada campaña.

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1.800 kilómetros en busca del tractor soñado