Los productores europeos denuncian doble rasero entre ellos y sus socios de Mercosur

Exigen reciprocidad y las mismas garantías para ambos bloques


I. SÁNCHEZ ARTERO, Bruselas

Los representantes del sector agroalimentario y las instituciones europeas se han reunido esta semana para analizar en el Parlamento Europeo el impacto potencial del acuerdo UE- Mercosur para la sostenibilidad de la agricultura europea. Los productores europeos han denunciado la doble vara de medir que se impondrá entre ellos y sus socios y han exigido una reciprocidad y garantías en ambos bloques.

Tras la luz verde del acuerdo de libre comercio entre Europa y los países que conforman el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) llegó el miedo. Miedo a que el mercado europeo se vea inundado de productos que no están sometidos a las mismas medidas ni controles que en la normativa europea. En esta dirección se ha expresado Pekka Pesonen, secretario general de Copa-Cogeca, que denunció que el acuerdo «hará a los consumidores europeos más dependientes de las medidas que se aprueben en Mercosur y sufrirán las consecuencias climáticas de la UE». «¿Queremos importar y comprar los productos que no queremos producir en casa?», preguntó a los asistentes. 

Agustín Herrero, director de Cooperativas Agroalimentarias de España, ha señalado que el proyecto es “potencialmente ambicioso y puede suponer una oportunidad”. Sin embargo, ha insistido en que puede quedar en agua de borrajas «si no se disciplina bien la gestión del acuerdo, para que no pueda derivar en trabas no comerciales por productos o país». Ha hecho especial hincapié en que si Bruselas quiere que el sector contribuya a una mejora del cambio climático y a la preservación de nuestro modelo de negocio y sociedad, «debe evitar que la agricultura sea la moneda de cambio en los acuerdo comerciales». 

Si no hay controles y reciprocidad, podría haber un impacto negativo sobre algunos productos como la carne, el aceite, el arroz o las frutas y las hortalizas. Desde España están especialmente decepcionados con la falta de protección de algunos productos como los cítricos, que no se les ha tenido en cuenta a la hora de tomar algunas medidas como la liberalización del zumo de naranja de Brasil. En estos momentos controla el 90 % del mercado comunitario. Herrero ha lamentado que el zumo «es el regulador de la oferta del mercado en fresco, un sector que sufre desde hace años las cesiones en importaciones de Sudáfrica, Egipto o Marruecos».

 

El representante español considera que para mejorar el acceso a los mercados se deberían de equilibrar los períodos de aproximación de aranceles, que en la actualidad son desiguales. Un ejemplo es la asimetría que existe en la liberación de aranceles del aceite de oliva: 15 años para exportaciones europeas y 4 para los socios de Mercosur. 

«No podemos tener unas normativas tan exigentes con nuestros agricultores y ganaderos y abrir a continuación el mercado de forma desleal con productores que no cumplen las mismas condiciones», ha añadido. Ha insistido en la importancia de asegurar que la producción y las importaciones de ambos bloques cumplen los mismos requisitos. Exige unos controles en origen más exigentes, ya que es «muy difícil controlar en la frontera si cumplen o no con las exigencias del mercado en materia de bienestar animal o disciplina medioambiental».  

El director general de Cooperativas Agroalimentarias reconoció que algunos de los productos más afectados por este acuerdo son el arroz y el vino. Desde hace años el cereal lleva sufriendo la continua apertura del mercado asiático, que ha obligado a activar este año una cláusula de salvaguarda. Por lo que respecta a los caldos, el sector hace especial hincapié en las normas de etiquetado y en la protección de las denominaciones geográficas.

La carne de res y ave también se verán seriamente tocados con este acuerdo. El presidente de la asociación francesa ANVOL, Jean-Michel Schaeffer, insistió en que el pacto «no se puede ratificar tal y como se ha presentado», por miedo a daños irreparables en el sector europeo. Además, los productores temen que por parte de los países americanos no se respete en las mismas condiciones que en Europa el bienestar animal, la biodiversidad, la seguridad alimentaria o la política en materia de antibióticos. 

En este sentido, Agustín Herrero ha instado a la Comisión Europea a «velar por la gestión de los acuerdos, a impulsar la protección de la imagen europea y adoptar las medidas de compensación necesarias». Así, ha insistido en que Europa debe considerarse una entidad única porque «no podemos seguir abriendo nuestro mercado a las importaciones y, que a la hora de exportar, sea cada Estado miembro quien negocie por su cuenta y riesgo».

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