«Un labrego ten que unirse. Se quere sobrevivir, non lle queda outra»

La SAT Labregos de Lugo ha consolidado su mercado en Galicia y en Asturias


VILALBA / LA VOZ

Ni minifundio en el terreno ni en las mentes. «Un labrego ten que unirse. Non lle queda outra se quere sobrevivir». El autor de esas frases es el mindoniense Xulio Rodríguez, de quien puede decirse que ha pasado de las palabras a los hechos. En el 2007, con otros cuatro agricultores, puso en marcha la SAT Labregos de Lugo, que desde entonces ha sido bastante más que una declaración de intenciones.

Al año siguiente la SAT abrió una nave en Riotorto. Cada agricultor conserva la propiedad de su terreno, pero juntos comparten marca propia, Labregos de Lugo, con una producción que se orienta en gran medida a Vigo y a Asturias. Y como si la idea de unirse necesitase un cierto refuerzo, la SAT se unió a la cooperativa Horsal, con sede en Cambados, hace dos años. «Son cooperativista convencido», reconoce Rodríguez.

A estas alturas del año, aún llegan al mercado las últimas remesas de hortalizas propias del verano, como los tomates, mientras otros, como el repollo o la cebolla, están en su particular temporada alta. Todo parece meditado y estudiado: «A horticultura é planificación. Non queda outra», dice. Para explicar esa idea, pone un ejemplo, y asegura que disponer el cultivo de una hectárea de lechuga sin haber cerrado su venta es una operación de nula viabilidad, ya que el gasto total de la cosecha puede rondar los 8.000 euros.

Una prueba de que la planificación es también una semilla que ha prendido en la mentalidad de estos agricultores está en que ahora ya se prepara la campaña del 2020. Además ha enraizado la idea la adaptación al mercado, reflejada en un equilibrio entre dos variedades de repollo, rizo y picudo, porque ambas tienen salida entre los cons mercado. «Se o mercado te leva a iso, tes que ir cambiando», sostiene.

Vigo y Asturias son los principales destinos de la producción de la SAT desde hace años. Rodríguez reconoce que la marca está consolidada, pero subraya que los productos que distribuyen y la forma de ofrecerlos, sin guardarlos en cámaras, refuerzan la necesidad de asegurar una comercialización. Comenta que las hortalizas no resisten como si fuesen tornillos guardados en la estantería de una ferretería y pueden deteriorarse si no se venden.

Vender en solitario parece poco viable. Por un lado, la SAT ha reducido la variedad de especies cultivadas para hacer más productivo el trabajo; por otro, dice Rodríguez, un campesino por su cuenta difícilmente alcanzará volumen y continuidad en sus cosechas para afianzarse en el mercado, teniendo en cuenta que la superficie de las fincas de labor está en Galicia muy lejos de grandes extensiones habituales en el sur. Él precisamente subraya que el tamaño de las parcelas es un condicionante: «Pódese vivir da horticultura, pero necesítase terreo», asegura.

Cinco socios y 31 hectáreas

Los socios son de Mondoñedo, A Pontenova, Riotorto, O Corgo y Guntín. Casi todo el terreno  que trabajan (30 hectáreas) es al aire libre; una pequeña parte, una hectárea, en invernadero. Por otro lado, Rodríguez y sus compañeros de SAT son, como reconoce el presidente de Labregos de Lugo, un ejemplo de trabajo en el campo por voluntad propia, no por resignación ante el desconocimiento de otras realidades. La posibilidad de incorporar otros socios está presente, como también lo está la idea de un trabajo compatido. «Coa loxística que hai hoxe, é doado traer unha máquina de Riotorto para aquí [vive en Mondoñedo], dice.

Lo que también aparece como un comportamiento asentado es la reducción de los productos sanitarios. Rodríguez afirma que esa práctica es conveniente por respeto al consumidor y hasta por razones éticas, y la consecuencia es una forma de trabajar cercana a la propia de la agricultura ecológica.  

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