Fincas verticales, ¿una opción de futuro contra la crisis climática?

Expertos creen que este modelo de agricultura en ambiente controlado garantiza la producción independientemente del tiempo que haga en el exterior. El hándicap, dicen, es que por ahora montar estos huertos es caro


redacción

 Las fincas verticales son un modelo de agricultura de ambiente controlado. Hay quien dice incluso que podrían sustituir al invernadero como modelo de producción industrial de hortalizas. También hay los que defienden que podría ser una herramienta clave frente a las consecuencias de la crisis climática y la creciente demanda de alimentos porque garantiza una producción eficiente. En su contra, como explicó a Efe David Proenza, presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Agricultura y CEO de la empresa Urbans Farms Global, que promueve esta tecnología, enfrente el reto del elevado coste que todavía tiene la infraestructura necesaria para practicarla. «El problema que hay por ahora es que el costo de las instalaciones es caro, y hay que producir alimentos económicamente rentable», aseveró.

Como organizador del III Congreso de Agricultura en Ambiente Controlado clausurado ayer en la capital de Panamá apuntó que «este tipo de agricultura sirve para alimentar al futuro de la humanidad» de cara a dos escenarios concretos: «el cambio climático que daña los campos», y el hecho de que «el ser humano deberá aumentar un 70 % su producción de alimentos» para abastecer a los 9.700 millones de habitantes que se estima tendrá el planeta en el 2050».

Especialistas de agricultura espacial y de ambientes controlados de varios países, incluidos funcionarios de la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) mostraron a los asistentes la importancia de las fincas verticales a nivel mundial.

Proenza dijo que la agricultura en ambiente controlado «favorece el crecimiento óptimo de la planta», ya que se siembra en una finca vertical: una zona hermética donde el profesional puede dirigir la luz, humedad, temperatura y la cantidad de oxígeno.

El uso de esta nueva tecnología es una alternativa no solo ante las consecuencias de la crisis climática, ya que deja de depender de los factores ambientales externos, sino también para combatirla porque la producción agrícola tradicional genera gas de efecto invernadero.

«Una de las ventajas es que si controlas no dependes del clima exterior  _lluvia, nieve o sequía-_lo que te permite producir los 365 días al año (...) esto también posibilita incrementar y adicionar otra forma de producir alimentos, ya que tampoco se usan pesticidas», señaló.

Dentro de esta finca vertical se plantan «del piso al techo», varias semillas en bandejas agrupadas en estanterías. Uno de estos espacios puede tener una dimensión de 1.000 metros cuadrados, lo que equivale a 16 hectáreas en campo abierto.

«En vez de producir 16 hectáreas, que no las hay, puedes desarrollar una finca vertical por lo que se maximiza la producción de alimentos», explicó el experto.

Las fincas verticales también ayudarían a la economía de cada país, puesto que se recudiría el precio de los alimentos: «Además de combatir el cambio climático, ayuda a reducir los costes de producción del agricultor, con lo cual maximiza el rendimiento y la inversión al desarrollo de esta nueva forma de producir», añadió.

Sin embargo, esta nueva agricultura es un mercado en crecimiento y expansión.

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