«La mujer ha estado siempre en el mundo vinícola, sobre todo como mano de obra en viñedo, más que en bodega»

El sector primario asiste a un movimiento de empoderamiento femenino, donde cada vez surgen más proyectos dirigidos por mujeres, como la bodega de Iria Otero en Ourense

La enóloga  Iria Otero dejó la Farmacia por el mundo del vino y abrió su propia bodega
La enóloga Iria Otero dejó la Farmacia por el mundo del vino y abrió su propia bodega

redacción

Impulsado por movimientos sociales como el #MeToo, el feminismo ha alzado la voz y ha reclamado su lugar en la política, el mundo empresarial y las calles. Pero ha ido más allá, impregnando todas las facetas de la sociedad, y permitiendo el empoderamiento femenino en toda clase de sectores, como el primario. Esto permite la proliferación de proyectos liderados por mujeres, y así nace en la provincia ourensana la bodega de Iria Otero: Vinos con Memoria

Su pasión por los vinos no apareció de súbito, sino que despertó poco a poco. Cuando tenía 10 años, Otero soñaba con ser maestra. Como en su hogar no había bodega, el mundo vinícola aún le resultaba lejano, pero «a partir de los 14 o 15 años empecé a ver en mi casa que en todas las comidas siempre había un vino como protagonista, mi padre era muy cuidadoso eligiendo los vinos», recuerda la enóloga. Ahí comenzó a engancharse. 

No obstante, aún era necesario el empujón definitivo. Otero estudió la carrera de Farmacia en la Universidad de Santiago de Compostela, y trabajó como tal durante un tiempo. «Aunque me gustaba mi trabajo en la farmacia, me daba cuenta de que en unos años me iba a acabar cansando, porque era un poco repetitivo. Y siempre supe que quería estudiar algo más», asegura con firmeza. En esa época ya le apasionaba el vino, y lo contemplaba como un posible futuro. Finalmente se lanzó a la aventura y comenzó los estudios de Enología en la Universidad de la Rioja

Aunque está muy contenta con el cambio, reconoce que tomó la decisión «pensando que me podía gustar o horrorizar, pero el primer día que entré en clase ya dije: esto es lo mío. Y desde entonces, aquí estoy». Le encantó Farmacia, pero prefiere este mundo por ser muy rico y poco homogéneo, donde un día puede estar en la viña o fabricando el vino, y al siguiente presentando sus productos a un importador. 

Tras acabar la carrera, encontró trabajo como enóloga en diferentes bodegas. No fue hasta el 2015 cuando decidió dar el paso e independizarse, montando el proyecto Vinos con Memoria. Dejó un trabajo estable para montar su propio negocio porque siempre supo que quería tener algo propiamente suyo. Así nació su bodega, ubicada en Leiro, en las afueras de Ourense. Y el resultado fue más que satisfactorio.

Ahora trabaja mediante distribuidores, y sus vinos se pueden adquirir en restauración y tiendas especializadas, pero no en supermercados. A nivel nacional, sus productos abarcan prácticamente todas las provincias, pero ha logrado salir de España y establecerse en el extranjero, en países como Estados Unidos, Australia y Alemania.

«Normalmente las ayudas son para grandes inversores de bodegas que ya están establecidas. El problema es que para la inversión inicial hay que desembolsar mucho dinero» 

Para poder lanzar su negocio, Otero recibió la subvención Emega de la Xunta de Galicia, que fomenta el emprendimiento femenino. Sobre las ayudas económicas, sostiene que «normalmente son para los grandes inversores de bodegas que ya están establecidas. El problema es que todo es muy caro: la inversión inicial, la maquinaria, la compra de uva… Hay que desembolsar mucho dinero». Por esta razón, muchos emprendedores que aún están aterrizando no cuentan con bodega propia, sino que alquilan depósitos en bodegas de conocidos para evitar realizar una inversión inicial demasiado grande. Además, en cada vendimia tienen que adelantar casi la mitad del dinero necesario para producir vinos que no saldrán al mercado hasta dentro de más de un año. A pesar de que hay ayudas, su obtención resulta complicada para los pequeños productores. 

Una de las razones es que últimamente se puntúan temas medioambientales, donde una bodega pequeña no puede competir con una grande, a pesar de que ambas estén comprometidas con la ecología. Los productores de menor tamaño no pueden permitirse el uso de algunas energías renovables, por lo que obtienen menor puntuación a la hora de recibir las subvenciones.

 Sobre la presencia femenina en el mundo vinícola, Otero afirma que «la mujer ha estado siempre, sobre todo como mano de obra en viñedo, más que en bodega. Los trabajos de viñedo como la vendimia, la poda o la espergura los hacen más mujeres que hombres». Achaca esto a la inmigración, que en el pasado obligó a la mujer a encargarse del vino en Galicia. «Antiguamente no estaba muy bien visto que las propiedades de las bodegas estuvieran en manos femeninas, y el tema enológico de transformación al vino solían hacerlo hombres, o por lo menos, la propiedad estaba a nombre de un hombre, aunque fuese la mujer la que lo elaboraba», asevera la enóloga.

 Aunque reconoce que últimamente esta situación está cambiando mucho y cada vez hay más presencia de la mujer, todavía «somos pocas en relación con la cantidad de hombres que hay, y sigue siendo un mundo bastante, no diría que machista, pero sí masculinizado. Llamamos mucho la atención cuando somos mujeres las que salimos del entorno local. Eso indica que tampoco hay una igualdad total, pero cada vez se ve de forma más natural».

«Lo que más me gusta es cuando la gente de la zona dice que los vinos les recuerdan a los que hacían en casa hace años» 

El nombre de su proyecto no es arbitrario: en Vinos con Memoria pretende producir los vinos de la zona donde trabaja, respetando la uva, la forma de elaboración, y los materiales típicos, como el castaño o el hormigón. Por eso, sostiene con orgullo que «lo que más me gusta es cuando la gente de la zona me dice que le recuerda a los vinos que se hacían en su casa hace años». Otero fomenta el consumo de esta bebida, a la que considera un producto absolutamente natural y más beneficioso que muchos refrescos, a pesar de que tenga alcohol.

Con respecto a las expectativas de futuro, la enóloga está concentrada en conocer a fondo la zona donde opera, trabajar en sus viñedos e ir sacando sus vinos al mercado. «Me gustaría poder vivir tranquila de lo mío, no aburrirme, y cuando me jubile, poder seguir disfrutando de un buen vino y que me siga encantando el mundo en el que trabajo tanto como ahora», concluye Otero. 

Galicia es una comunidad muy implicada con la industria vitícola, donde hay casi 10.000 hectáreas destinadas a la producción de vino. Según Galicia Calidade, más de 16.000 viticultores las trabajan, repartidos en unas 450 bodegas a lo largo de las cuatro provincias.

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«La mujer ha estado siempre en el mundo vinícola, sobre todo como mano de obra en viñedo, más que en bodega»