Un tomate «da casa» no es «ecológico» cuando no lleva certificación

El incremento del consumo de productos bio hace florecer un mercado paralelo de los falsos orgánicos que ya ha protagonizado varias operaciones policiales

Los productos naturales y ecológicos a granel son cada vez más demandados
Los productos naturales y ecológicos a granel son cada vez más demandados

redacción

Los hábitos de consumo están cambiando. La dieta, además de sana, ha de ser ecológica, sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Esa tendencia ha incrementado el consumo de alimentos producidos en el conocido como kilómetro cero, pero también aquellos con sello ecológico o bio que garanticen que no han tocado ningún tipo de herbicida en su proceso de crecimiento. De hecho, el consumo nacional de productos envasados con sello bio o eco se ha incrementado en un 14 %, y 4 de cada 10 hogares ya surten su nevera con este tipo de alimentos, según datos del Balance de la Distribución y Gran Consumo del 2017, elaborado por Kantar Worldmedia. Y como el consumidor los demanda, los que se mueven al otro lado de la ley han encontrado también un nuevo nicho de «negocio» en ello.

No hay más que ver operaciones como la hecha pública esta semana por la Guardia Civil, que se saldó con la detención de tres personas que supuestamente habían comercializado como ecológicas 500 toneladas de hortalizas que en realidad provenían de la agricultura convencional. O la desarrollada por el Seprona en Madrid, donde detectó dos partidas de huevos ecológicos, que en realidad no lo eran. Aunque en Galicia, como explican fuentes del Consello Regulador de la Agricultura Ecológica (Craega), «non se detectaron fraudes a gran escala como o de Granada, certo é que hai picaresca para introducir produtos que non o son como eco». Además, añaden que operaciones como la de Granada muestran que «os controis funcionan e que a Administración actúa contra o fraude». Con todo, destacan que «a gran parte dos operadores inscritos traballan correctamente».

Pero para que no haya ningún tipo de engaño dan pistas al consumidor para que no le den gato por liebre. O, lo que es lo mismo, le ayuda a que no confunda un producto «da casa», «da horta», «artesanal» o «natural» con uno «bio» o «ecológico». Porque, como apuntan, no lo son cuando no llevan el sello que certifica que proceden de la producción ecológica porque, por ejemplo, aunque no usen pesticidas en su cultivo cómo pueden conocer que en el resto de procesos avalan que pueda categorizarse de ese modo. 

¿Cómo reconocer un producto orgánico? 

Para que un producto realmente tenga el calificativo de orgánico (también puede denominarse ecológico o bio) tiene que tener la certificación oficial que lo avala como tal. En el caso de productos amparados por el Consello Regulador Agricultura Ecolóxica de Galicia (Craega), explican desde ese colectivo, estos han de estar marcados con la marca Craega. De hecho, explican que fue a finales del año pasado cuando entró en vigor la orden de la Consellería de Medio Rural que cambiaba el logotipo del consello obligando a usar tal distintivo en el etiquetado de los productos certificados. Además de la marca obligatoria que expide la comunidad autónoma (en galicia ha de llevar la marca de Craega) los productos ecológicos certificados también tienen que incluir el logo de la UE. 

¿Qué implica que un producto tenga ese sello?

Es la única garantía oficial de que un producto procede de un campo o industria sometida a los controles dictados desde la UE. El Ministerio de Agricultura es el que se encarga de su cumplimiento en España, en buena parte de los casos a través de los comités autorizados por las diferentes administraciones autonómicas. 

¿Quién da la certificación en Galicia?

El Craega es la única autoridad de control de esta producción en Galicia.   

¿Qué es un producto ecológico?

Son los productos que se obtienen mediante técnicas agrarias o ganaderas respetuosas con el medio ambiente y con el bienestar animal. No está permitido el uso de químicos como fertilizantes, pesticidas, antibióticos.... El objetivo es preservar el medio, aumentar la fertilidad del suelo y proporcionar alimentos con todas las propiedades naturales.

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Un tomate «da casa» no es «ecológico» cuando no lleva certificación