Aceite y cerezas maridan en Ribas de Sil

Este concello de Ribeira Sacra celebra la XVII Festa da Cereixa e do Aceite de Figueiredo

Vista de la aldea de Figueiredo, donde crecen olivos de variedades autóctonas
Vista de la aldea de Figueiredo, donde crecen olivos de variedades autóctonas

redacción | la voz

Miguel Ángel Rodríguez nació en Figueirido. Cuenta que de niño andaba a gatas entre los cerezos y los olivos. Dejó el pueblo a los diez años, pero nunca se fue del todo. Vivía cerca e iba con frecuencia. Procuraba hacerlo cada fin de semana hasta que hace una década regresó a vivir a esta aldea del concello de Ribas de Sil. Ahora es uno de los quince vecinos de un pueblo que ha logrado convertirse en foco de atracción. Y además ha sabido aprovechar el valor de los frutos de los árboles entre los que gateaba de niño.

Porque más allá de ir  a ver la antigua mina de oro, cada vez son más los que se interesan en pasear entre los árboles que producen el otro oro que se extrae de estar parte de la Ribeira Sacra: el jugo de las aceitunas de unos olivos que plantaron los romanos. Este aceite, el «cento por cento Figueiredo» salió del anonimato hace tan solo unos años, pero ya ha logrado dar el salto al túnel del aceite del Salón Gourmet de Madrid. Precisamente este fin de semana Ribas de Sil celebra la edición número XVII de su Festa da Cereixa e do Aceite de Figueiredo. Al igual que el aceite de variedades autóctonas como son la mansa y la brava, las cerezas de este concello tienen carácter propio.

«Son máis carnosas e máis doces que as de outras partes. Pero as árbores son máis altas porque nesta zona había moito gando e resulta complexo coller as cereixas», explica Miguel Ángel. Produce aceite, pero también cerezas. Por eso sabe bien de lo que habla cuando habla de los dos productos: «Tanto o aceite como as cereixas usáronse aquí como unha forma de sustento económico. No caso dos olivos foi o minifundio o que os salvou porque de ser parcelas máis grandes probablemente a xente houbera prantado viñedo».

Ahora trata de recuperar árboles centenarios «ou milenarios» para explotar mejor ese oro líquido que trajeron los romanos. La fiesta de este fin de semana es también un impulso para continuar manteniendo los árboles que han convertido ese concello de la comarca de O Courel en una reserva.     

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