Slow Food Compostela lleva la realidad de la agricultura familiar gallega a Naciones Unidas

Es la única representante de la comunidad en las jornadas del Decenio que celebró la FAO en Roma


Redacción / La Voz

Los problemas del campo gallego también están presentes en las jornadas sobre el Decenio de la Agricultura Familiar que la ONU celebra esta semana en Roma. Hasta allí se ha desplazado Rocío García Carregal, secretaria de Slow Food Compostela. Esta delegación del movimiento que surgió hace treinta años en Italia lleva ya tres años trabajando con agricultores locales en la capital gallega y ha sido una de las invitadas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para dar su punto de vista sobre los problemas que sufren los agricultores gallegos. Es, además, la única representante de la comunidad en las jornadas.

«Fuimos invitados como actores consultivos no gubernamentales», explica Rocío. En las conferencias han participado entidades de todo el mundo con el objetivo de que sus ponencias permitan «desarrollar indicadores con los que la FAO podrá monitorizar durante los próximos diez años este tipo de agricultura familiar que está compuesta por pequeños productores, entendiendo los problemas que presenta cada zona», argumenta. Su misión en Roma es la de dar la visión que le han transmitido «nuestros asociados. Vamos a ser su voz, dar nuestra visión de los problemas y necesidades que tenemos, pero también de nuestras fortalezas», explica.

Dos son los problemas que tiene que afrontar el sector que han querido poner sobre la mesa en Roma. La primera se refiere a las dificultades que tienen las pequeñas explotaciones a la hora de competir en mercados con una legislación muy restrictiva. Es el caso de las explotaciones ganaderas, que tienen que matar a sus reses en mataderos. «Estos están deslocalizados por lo que el ganadero tiene que hacer frente a unos gastos de transporte que, muchas veces, son más elevados que el beneficio que va a percibir», explica. La otra gran cuestión se refiere a la biodiversidad. «Desde el 2008 hay un registro obligatorio de semillas de uso comercial. Eso provoca que haya semillas que se están perdiendo, que el agricultor tenga muchas dificultades para vender las semillas que ha heredado», sostiene. 

 Slowfood Compostela valora muy positivamente su participación en esas jornadas, sobre todo, «a la hora de ver lo que están haciendo otras organizaciones o de conseguir colaboraciones, como la que vamos a hacer con el Foro Rural Mundial para aunar esfuerzos y tirar todos para el mismo lado», explica. Pero también, para conocer los problemas a los que se enfrentan agricultores de otras partes del mundo, «que son mucho más graves que los nuestros», sostiene. Se refiere, por ejemplo, «al elevado número de suicidios que hay entre los agricultores de la India por las presiones que sufren por parte de la industria por el precio» o a las repercusiones que «los transgénicos están teniendo en Sudamérica».

Las jornadas sobre el Decenio de la Agricultura Familiar llegaron ayer a su fin con la presentación de todo el trabajo realizado desde el 2014, cuando se decidió poner en marcha esta iniciativa. Sobre la mesa hay ahora un sinfín de propuestas para contribuir a la defensa del sector agrícola familiar, el que produce el 80 % de los alimentos en todo el mundo. 

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