La lluvia de millones de Trump al campo podría dificultar los negocios de agroalimentarias españolas en terceros países

El presidente de Estados Unidos siembra el campo con 14.300 millones para intentar cosechar otra victoria en el 2020

Trump presentó las ayudas en la Casa Blanca rodeado de agricultores
Trump presentó las ayudas en la Casa Blanca rodeado de agricultores

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A principios de este mes, la inestabilidad meteorológica retrasó el cultivo del maíz en muchos puntos del medio oeste norteamericano. En una conversación en las redes, un agricultor del sur del estado de Illinois barajaba la alternativa de dejar el maíz para centrarse en la soja confiando en que la guerra comercial abierta por Donald Trump con China, otrora principal comprador de este cereal a Estados Unidos, tocara pronto a su fin. Pero se equivocaba. Pocos días después, el mismo presidente republicano que en el 2016 había prometido volver a hacer grande al país, anunciaba a golpe de tuit nuevos aranceles de entre el 10 y el 25 % para más de 5.000 productos procedentes de China. En ese momento, en lugar de llegar a una tregua, la contienda se recrudeció y la cotización de la soja sufrió de lo lindo. Los agricultores, que ya habían visto una caída de las exportaciones de soja a China del 80 % durante el 2018, se consolidaron como las principales víctimas de la guerra.

Consciente o no de esta paradoja, Trump sabe que no puede perder la confianza de los agricultores de Wisconsin (el mayor productor de leche del país) o Michigan (especializado en productos de huerta). Porque fueron ellos los que contribuyeron a darle la victoria en el 2016. Por eso el jueves, Trump hizo una pequeña performance en la Casa Blanca. Rodeado de varios agricultores y granjeros anunció un segundo paquete de ayudas para el campo por valor de 16.000 millones de dólares (14.300 millones de euros), que se suman a los 12.000 millones de dólares (11.200 millones de euros) que ya había inyectado el año pasado.

Con esa lluvia de capital, además de provocar ayer una subida del precio de la soja en el mercado de futuros de Chicago, pretende contrarrestar los efectos de la guerra económica y ayudarlos a abrir mercados alternativos a China. ¿Afectará esta nueva medida a las empresas agroalimentarias españolas con actividad en Estados Unidos? La medida per se no, pero como explica Antonio Hernández, socio responsable de Internacionalización y Brexit de KPMG España y profesor del máster Mascomex de la USC, «los efectos colaterales podrían traducirse, por ejemplo, en una mayor competencia para las empresas agroalimentarias españolas en terceros mercados, ya que el estímulo económico contempla una partida para estimular la actividad exportadora de los agricultores estadounidenses a nuevos mercados, principalmente asiáticos».

Pero más que temer a esta nueva lluvia de millones sobre el campo estadounidense, lo que realmente debe asustar es el aguacero que supondría, como añade Hernández, el mantenimiento del «entorno de proteccionismo y tensión comercial, por su impacto en las cadenas de suministro globales y por el círculo vicioso entre incertidumbre, menor crecimiento global -comercio e inversiones- y volatibilidad de los mercados financieros».  

Con todo, la multimillonaria inyección de Trump a los agricultores no deja de ser otra paradoja del mandatario, que hace unos meses criticaba las ayudas de la Política Agraria Común (PAC), a las que se agarró en junio del año pasado para gravar con más aranceles las exportaciones de productos como la aceituna negra.

Pero es que, además, la mayor parte de las subvenciones de este paquete de 16.000 millones de dólares -en concreto, 14.500 millones, según el Departamento de Agricultura del Gobierno norteamericano- van destinadas a pagos directos. Las cantidades que recibirán estarán determinadas por el lugar en el que se encuentran los cultivos. Porque, a diferencia de lo que esperaban los agricultores, estos baremos estarán basados en el daño que han sufrido cada uno de los condados por la guerra comercial.

Pero más allá de los pasos que da Trump en esta guerra, la realidad es que, como explica Hernández, actualmente estamos asistiendo a una mayor utilización de las sanciones como elemento disuasorio o punitivo por parte de los países. Además, recuerda que «la Organización Mundial del Comercio (OMC) señalaba recientemente que este tipo de medidas son uno de los elementos que podrían estar detrás de un menor crecimiento en el comercio mundial de bienes, que pasaría del 3 % en el 2018 al 2,6 % en el 2019». 

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