Galicia pierde cien millones de euros al año por la castaña que queda sin recoger

La Xunta tiene en marcha un plan para recuperar soutos tradicionales

El medio rural gallego pierde al año una cifra cercana a los cien millones de euros por toda la castaña que cada otoño se queda sin recoger en el campo; un fruto que cae de los árboles, y o bien se pudre o sirve de alimento a los jabalíes. El rendimiento medio anual por hectárea de castaños está en los tres mil kilogramos. Y en el medio rural gallego, sobre todo en la montaña de Lugo y Ourense, hay unas 30.000 hectáreas. Esto es, el potencial productivo se encuentra en unos 90 millones de kilogramos, según los datos que maneja la Administración gallega. Y cada año, en cambio, se recogen unos 20. Quedan 70 millones en el limbo, lo que a un precio de entre 1,3 y 1,5 euros, da una cifra que oscila entre los 91 y los 105 millones de euros al año de rentas que se pierden para los habitantes del medio rural.

«Estamos ante un problema que es muy difícil de evaluar, de cuantificar, sobre todo porque hay zonas de alta montaña, donde hay soutos de difícil acceso, pero es evidente que existe un enorme potencial productivo infratulizado y mucho trabajo por hacer», precisa Jesús Quintá, empresario y presidente de la Indicación Xeografíca Protexida (IXP) Castaña de Galicia. Es precisamente este hecho el que ha llevado a Medio Rural a colocar el sector de la castaña en un lugar preferente entre sus prioridades, como una de los actividades llamadas a generar rentas y fijar población en el campo. El objetivo es poner a producir las 30.000 hectáreas, de las que 25.000 son de soutos tradicionales, y hacerlo en base al plan ya en marcha en Folgoso do Courel, donde está el 10 % de toda la superficie de soutos de Galicia, y que se ha convertido en el laboratorio de Galicia para ver cómo aprovechar mejor la superficie de castaño abandonada.

Las empresas ponen también el foco en nuevas plantaciones Galicia ya tiene en marcha la Mesa da Castaña, un órgano que agrupa a la Administración y a los operadores, que se constituyó el pasado mes de abril, y que busca consensuar una estrategia de puesta en valor. Las empresas del sector apoyan la recuperación de soutos, pero consideran que el foco debe ponerse también en las nuevas plantaciones. «A mí me parece estupendo que desde un punto de vista medio ambiental, de recuperación del patrimonio, se apueste por los soutos, pero sí lo que estamos analizando es la producción, el dinero público está mejor invertido en las nuevas plantaciones y contener la plaga de la avispilla», adivierte Miguel Areán, gerente de Castañas Naiciña, en Chantada (Lugo), una de las principales zonas productoras, junto a O Courel, Quiroga, la Ribeira Sacra o Valdeorras.

En el Souto de Rozabales, en Ourense, está uno de los castaños más longevos del continente
En el Souto de Rozabales, en Ourense, está uno de los castaños más longevos del continente

¡Ojo con el material genético! 

Esta estrategia de nuevas producciones también conlleva problemas. Básicamente, porque existe el riesgo de que se compre material genético para plantar que no sea el autóctono, como ya sucede con los olivos, donde se planta variedad arbequina, que no es gallega. La idea es seguir la estela de lo que sucede ya en el sector vitivínicola, en el que hay mucha mayor seguridad de que lo que se compra es una variedad autóctona de uva.

En Galicia recogen castaña cada año unas 10.000 personas La comunidad gallega se enfrenta ahora al desafío de avanzar en la profesionalización de los cultivos. En esta autonomía, ha aumentado el número de explotaciones que trabajan en origen con criterios empresariales. Los cálculos del sector apuntan a que cada hectárea de producción de castaña, a buen rendimiento, puede dar unos entre cinco mil y seis mil euros al año de beneficio. Eso sí, la distancia entre los árboles ha de ser mayor que si la explotación se destinara a producir madera, y no se recomiendan más de un centenar de árboles por cada diez mil metros cuadrados. En Galicia, cada otoño, recogen castaña unas diez mil personas, a un precio que oscila, dependiendo de la calidad, entre 1,3 y 2 euros. En el conjunto de la cadena de valor, al eslabón de origen, hay que sumar unas 30 empresas comercializadoras y cuatro industrias.

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