Las mutaciones del sistema productivo


En la industria existente en Galicia hay dos generaciones de empresas. La primera, la que se instaló al calor de los Polos de Desarrollo de principios de los años sesenta del siglo pasado. Son un puñado de factorías que han logrado desarrollarse dentro de una España proteccionista y con tendencias autárquicas y que, después, siguieron trabajando también de forma exitosa en una España que forma parte ya de los mercados internacionales. Aquí tenemos empresas emblemáticas cuya historia es la intrahistoria de Galicia: la refinería de Repsol, la siderurgia del aluminio en Alcoa, la construcción naval (tanto en Ferrol como en Vigo), la producción de automóviles en Citroën, las industrias derivadas de la madera, la industria láctea... Básicamente, el perfil de esta primera ola de industrialización estaba basada en la utilización intensiva de los recursos naturales que eran -y siguen siendo- muy abundantes en Galicia. Los recursos eléctricos, la fachada marítima, una agricultura atlántica... Abastecer el mercado interno español y la exportación de los excedentes eran las directrices de la política económica de aquellos años.

A esta primera generación se superpone una segunda, en la cual la actividad dominante es la confección. Apoyada en las habilidades manufactureras de la Galicia rural, el sector de la confección se desarrolla a una velocidad extraordinaria a partir de 1980 llegando en la actualidad a ser un referente mundial. La marca Zara tiene hoy un valor de mercado semejante a Coca-Cola, Omega, Mercedes-Benz o cualquier otro referente internacional. Pero en esta segunda generación hay más actividades punteras a nivel mundial: el sector farmacéutico, el agroalimentario y algunas actividades en la química representan lo más dinámico de nuestro tejido industrial.

Entre la primera generación de factorías y esta segunda hay algunas diferencias. La primera generación estaba orientada hacia las primeras fases de los procesos industriales, sobre todo en el antiguo Polo de Desarrollo de A Coruña, mientras que la segunda generación está directamente conectada con la producción de bienes finales. Esta es una diferencia importante, ya que en la producción de bienes intermedios la competencia internacional es mucho más acentuada. Un ejemplo es el mercado del aluminio.

La siderurgia del aluminio (tanto en A Coruña como en el norte de Lugo) atraviesa una etapa crítica, como ya se ha repetido en otras ocasiones anteriores. Por un lado, la caída de precios es muy significativa. Simplemente un dato. En enero del 2007 (antes de la crisis financiera), la tonelada de aluminio en el mercado de Londres se pagaba a casi 2.200 euros. Esta semana no llegaba a alcanzar los 1.800 euros la tonelada (casi un 20 % menos). Por otra parte, los costes de producción siguen muy vinculados al coste de un suministro eléctrico cuyo precio tiene una clara tendencia alcista. En un contexto así, los márgenes de explotación se resienten. Por si fuera poco, las expectativas en este sector tienen en cuenta la ralentización del crecimiento a nivel mundial y los excedentes que se están generando en China, Brasil y otros grandes productores. En la siderurgia del aluminio no es la primera vez que se vive un contexto así. Lo particular ahora es que esta crisis está siendo muy larga en el tiempo.

Una reflexión final. En los años sesenta el porvenir estaba en el sector industrial. En la actualidad, el futuro es el sector servicios. Ya lo está siendo. Debemos aceptar que lo que nos está pasando con el sector industrial es lo mismo que nos pasó, hace ya décadas, con la agricultura. Pasó de ser un sector mayoritario (tanto en producción como en empleo) a seguir existiendo, pero en un segundo plano. Y tanto en al caso de la agricultura, como ahora, en el de la industria, la competencia internacional ha sido fundamental. Las importaciones agrarias a precios bajos desde América Latina a principios del siglo XX tienen hoy en día los mismos efectos que las importaciones de productos industriales desde el sudeste asiático: las mutaciones en el sistema productivo.

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