Pasto contra el cambio climático

La mejor manera de reducir los gases de efecto invernadero de las flatulencias de las vacas es variar su alimentación


redacción / la voz

El secreto está en la alimentación. Es la máxima que rige en las explotaciones ganaderas. Y no solo porque de ella dependen la calidad de la carne o la leche que sale de sus establos. También porque es la principal vía para reducir las flatulencias del ganado. Y, con ellas, la emisión de gases de efecto invernadero. Esa es, al menos, la conclusión de varios estudios científicos que apuntan al pastoreo como la forma más natural de rebajar los niveles de metano que las reses expulsan a la atmósfera.

Puede parecer un remedio sencillo y relativamente barato, pero en el fondo no lo es. Al menos en Galicia, donde los ganaderos han apostado más por la producción intensiva de leche. Este modelo de manejo del rebaño recluye a los animales en la explotación sirviéndoles una ración única de comida que incluye todos los nutrientes necesarios para que, además de garantizar su buena salud, produzcan una cantidad de leche superior a los 30 litros diarios. Se calcula que de las 320.000 vacas que actualmente producen leche en Galicia, más de 250.000 no salen nunca a pastar.

«Aquí apostouse por un modelo de gandería intensiva que, en moitos casos, se está demostrando escasamente sostible. Resulta difícil cuantificalo pero penso que máis da metade das 8.000 granxas galegas terían no pasto unha solución aos actuais problemas de rendabilidade», apunta un experto vinculado durante muchos años al Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo. Sobre el beneficio económico del pastoreo también opina el presidente de la Asociación Galega de Pastos y Forrajes, Eloi Villada, para quien «a herba en verde segue a ser a forraxe máis barata e o mais nutritivo e equilibrado para o gando, redundando nunha maior lonxevidade e benestar das vacas».

Ambos especialistas citan casos de éxito como el de Nueva Zelanda -principal exportador de lácteos del mundo- o Irlanda, el país con los costes más bajos de producción y donde más ha crecido el ordeño en Europa. Incluso el sector ganadero francés donde más del 80% de las granjas basan su sistema de producción en el aprovechamiento en verde de las fincas. Sea como fuere, lo cierto es que la problemática del metano que generan las vacas -se calcula que una res puede llegar a producir 300 litros diarios- ya está sobre la mesa y son muchas las soluciones que empiezan a plantearse para reducir al máximo la cantidad de gases de efecto invernadero que el sector proyecta a la atmósfera. Tanto es así que varios laboratorios han puesto en marcha complejos químicos que, incorporados al pienso, reducen de forma importante el nivel de fermentación de la panza y, consecuentemente, la producción de metano. Otros estudios como el elaborado por la Universidad Politécnica de Madrid apuntan directamente a la necesidad de reducir la cantidad de proteína de los piensos para mejorar la digestión de los animales y, consecuentemente, rebajar la producción de gases nocivos para a la atmósfera.

Distintas ganaderías españolas ya están incluyendo en la ración de sus vacas la semilla y la harina de girasol, productos con alto contenido en proteína altamente degradable y de aminoácidos esenciales que podría reducir entre un 10 y un 15% la producción de metano de sus vacas.

Un 10 % de los gases

Según cálculos de la UE, la agricultura y la ganadería son responsables del 10 % del total de gases de efecto invernadero -principalmente metano, que tiene 20 veces más capacidad para atrapar calor que el dióxido de carbono- que se emiten a la atmósfera mientras que la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) eleva esta cifra por encima del 20 % en el conjunto del planeta. Es por esto que Bruselas está estudiando la posibilidad de penalizar con algún tipo de tasa la producción de leche y carne en el continente.

La primera leche con certificación de emisiones es gallega

La cooperativa Clun ha sido la primera láctea que ha logrado la certificación de su huella de carbono para la leche producida bajo la marca Únicla. Este distintivo certifica la veracidad del cálculo de todas las emisiones de gases de efecto invernadero que genera la producción de cada cartón de leche. Únicla es la única leche funcional natural resultado de una alimentación especial que reciben las vacas en la que destaca la semilla de lino rica en ácidos grasos omega-3 y levadura rica en selenio. Tal y como apuntan desde Clun, la reducción de la huella de carbono es un beneficio añadido de esta alimentación, que, además de rebajar la saturación de la grasa y aumentar su contenido en selenio y ácidos grasos saludables, reduce también la formación de metano en el estómago de las vacas y, en consecuencia, su emisión a la atmósfera.

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