La filoxera


No llegó a devastar la comarca de O Ribeiro aquella «filoxera selectiva» a la que, medio en broma medio en serio, apelaba el ex director de la Estación de Enoloxía e Viticultura de Galicia, José Luis Hernáez. El técnico, igual que hace treinta años hacía cualquiera con visión de futuro, señalaba claramente el objetivo, tenía claro cuál debía ser el destino de aquel castigo selectiva que él proponía para acelerar la renovación de viñedos. Había que acabar, o bajar a mínimos, el número de cepas de las variedades que entonces eran abrumadora mayoría en las tierras de O Ribeiro. Entiéndase, la tinta alicante y la blanca palomino jerez. La vendimia del 2016 será tal vez recordada por haber marcado un antes y un después en una comarca castigada y frenada en su desarrollo por matutes y turbiedades varias. En la campaña del 2015, sin ir más lejos, aún se recogió más jerez que treixadura. Este año, sin embargo, ha sido al revés. Es una buena noticia, de fondo y de escaparate, aunque la realidad esconda cicatrices, pues la caída de dos millones de kilos de uva se corresponde con pérdidas de ingresos a los perjudicados.

La naturaleza actuó este año con criterio, ayudada en no pocos casos por el abandono de los viñedos menos rentables. El mildiu, en las cifras grandes, ha castigado en general allá donde menos duele, aunque también se haya llevado por delante el esfuerzo puntual de quienes en los últimos años apostaron por una viticultura más exclusiva, del brancellao al lado. Llegar a este puerto ha sido labor de años, mérito de muchos, casi siempre por empeño personal, aunque ahora, con el viento a favor, habrá quien busque medallas en las rebajas.

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