Usos que van desde la cartografía, la agricultura y la arqueología a la vigilancia


El uso práctico que puede tener un dron es un campo que se abre a un amplio abanico de alternativas. Junto a la toma de fotografías aéreas para fines documentales o cartográficos, hay otras aplicaciones que permiten el desarrollo de sectores tradicionales como la agricultura u otros más modernos como el mundo de los aerogeneradores. «La incorporación en el dron de unos sensores especiales permite, por ejemplo, analizar el nivel hídrico de un cultivo. Con ello puede comprobarse la cantidad de agua que precisan una planta y optimizar los riegos con lo que pueden obtenerse mejores cosechas», apuntan desde una empresa de drones.

Su uso para hacer inspecciones fotovoltaicas o para el reconocimiento de los molinos que producen energía eólica y que están distribuidos en lo alto de muchos montes gallegos es cada vez más común. Por no hablar del uso que pueden hacer de ellos los arqueólogos o los bomberos. De hecho, a estos últimos les evitarían muchos peligros porque podrían usarlos para ver desde el aire hasta dónde llega un fuego y de esa manera ver cómo atajarlo.

Los departamentos de desarrollo de las empresas son los que irán determinado los nuevos usos que vayan descubriendo.

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