Emilia Díaz Losada: «Entre las variedades de uva menos conocidas, las hay con gran futuro»

Galicia tiene clasificadas ocho variedades de uva autóctonas sin nombre


ourense / la voz

Un proyecto de investigación en el que participa la Estación de Enoloxía e Viticultura de Galicia (EVEGA) ha permitido descubrir hasta 301 variedades de uva en España, no exactamente nuevas, pero en algún caso al borde de la desaparición. Contando con que el estudio aún no está finalizado, de esa cifra, 28 parecen ser exclusivas de Galicia, diferentes, sin que existan referencia de su cultivo en cualquiera de las otras comunidades españolas. Doctora en Biología, Emilia Díaz Losada es la responsable de la coordinación, desde O Ribeiro, de uno de los cinco subgrupos de proyecto general español. En totalson veinticinco centros de investigación y setenta especialistas los que comparten inquietud, información y experiencia.

-¿Aún quedan en Galicia variedades que descubrir?

-Tenemos ocho sin nombre, de hecho. Son diferentes a todas las demás. Alguien encontró algún día una cepa que le pareció rara y la trajo aquí. Las hemos estudiado todas, estas ocho tienen un perfil propio, sabemos que son de aquí porque, como todas las demás, llegaron a la EVEGA porque algún viticultor la encontró en alguna finca vieja. Y seguramente quedará alguna más.

-Con la creación de la EVEGA, hace quince años, se sentaron las bases de ese campo de experiencias en la viña. Entonces había mucho que recuperar, en un mar de variedades nada afortunadas. ¿Cómo se aprovechó aquel trabajo?

-Llegamos a tener hasta 125 referencias diferentes. A medida que avanzábamos en los estudios, que recibieron un impulso enorme con la generalización de los estudios de ADN, hemos reducido la lista a 67 genotipos diferentes, al concluir que las diferencias de nombre según la zona de origen no eran más que eso. Ahí están las más conocidas y las que tienen una presencia casi simbólica en algún caso.

-¿Por ejemplo?

-Brancellao y Albarello. Se pensaba que eran distintas, pero es la misma variedad. De aquellas 125 referencias iniciales también descartamos varias, al comprobar que no eran autóctonas. Otra cosa curiosa es la albilla, una variedad que aparecía en el reglamento del consejo regulador correspondiente y de la que prácticamente no había referencia. Resultó que alguna gente llamaba así a algunas treixaduras o verdellos.

-De esas veintiocho variedades minoritarias, esas que resisten solo en Galicia, ¿hay alguna que le llame la atención?

-Entre las variedades menos conocidas, casi desaparecida alguna, las hay futuro. La Sousón tinta me parece excelente, pero tarda mucho en madurar y eso es un inconveniente. La Ratiño blanca, en la zona de Barbanza, tiene potencial, como el Espadeiro, aunque no todo lo que se llama espadeiro lo sea. Otra curiosidad es la Zamarrica, en Monterrei, que también se llama Tinta Femia, pero es distinta a la Tinta Femia también llamada Caíño Tinto de Rías Baixas.

-¿La tecnología resulta infalible para definir variedades?

-Lo es. Los análisis morfológicos de las plantas tienen una parte de subjetividad. Con el perfil del ADN, sin embargo, hemos avanzado muchísimo y nos permite diferenciar entre variedades, al menos en un 99% de los casos. Se escapan, sin embargo, matices de color como el Brancellao, o la Garnacha blanca, tinta y peluda.

-¿Y comó está Galicia visto en el conjunto peninsular?

-Galicia no es la zona geográfica española con más cultivo de vid. Pese a ello, tenemos muchas variedades distintas y personales. Si hubiera que buscar una comunidad con más genotipos diferentes había que ir, por ejemplo, a Aragón. En Galicia compartimos muchas cosas con el Norte de Portugal, Asturias y Castilla-León, pero no tantas con el resto de las comunidades. Fuera de Galicia comparten más entre ellas, pero las nuestras apenas tienen incidencia más allá de nuestro entorno más próximo.

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