Amparo, una auténtica «manostijeras»

Una octogenaria de San Sadurniño lleva décadas moldeando el mirto en originales formas


Amparo Beceiro Parapar (A Barqueira-Cerdido, 1934) nació con una especial destreza manual y una singular capacidad artística. No entiende de setos uniformes y regulares. El director estadounidense Tim Burton podría haberse inspirado en esta mujer, ágil (aún convaleciente tras haberse roto una pierna) y alegre, para su conocida película Eduardo Manostijeras. «Nacín no Alto de Seti, na Barqueira; de nena mandábanme ao lindeiro e facía xardíns con pólas de xestas, pero a plantar non empecei ata que casei, o marido (Olegario Sanjurjo) ía ás feiras e eu, cando remataba o traballo (agricultura y ganadería) poñíame», relata. Las tijeras han sido, hasta hace poco, su única herramienta para moldear los mirtos, en su casa de O Carbeiral (Bardaos, San Sadurniño). El proceso comienza con la plantación. «Hai que escoller as poliñas, non todas valen, mellor as máis finas. Así que prenden hai que deixalas medrar e ilas enderezando, amarrándoas cuns fíos e ilos entrelazando para darlles a forma que un queira», explica. Con paciencia, muchas horas de tijera y esa original mirada que distingue a Amparo, ha creado decenas de figuras, algunas trasplantadas a fincas de amigos o familiares, «porque lles chamaron a atención». Su casa está rodeada de pequeños jardines plagados de mirtos en forma de perros, gatos, patos, ocas, pájaros, un carnero -«ten cornos», corrige cuando alguien cree ver una cabra- fuentes, antiguos potes, asientos (un sillón hecho en un tejo), una preciosa calesa tirada de un caballo, un carro gallego guiado por vacas, un pozo de agua, un labrador arando con sus reses, un horno o un señor montado a caballo, que diseñó, cuenta, a raíz de la retirada de la estatua de Franco de la plaza de España, en Ferrol.

«No verán e na primaveira tes que darlles un retoque cada semana porque medra moito o mirto... Mira o gato, está peludo porque levo días sen toparlle», sonríe. «Se non os coidas en seguida se deforman», apunta. Su hijo, Lino, ha heredado el arte de su madre y le ayuda a mantener este original museo al aire libre. Junto a las tijeras, ahora Amparo utiliza una pequeña máquina cortasetos que le ha regalado su vástago. Pero lo importante no es la herramienta sino la mirada de esta original artista, una auténtica manostijeras.

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