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Costeras que nos cambiaron la vida

AGRICULTURA

Hay que preguntarse si la costera del bonito sigue siendo alternativa laboral para jóvenes.
Hay que preguntarse si la costera del bonito sigue siendo alternativa laboral para jóvenes.

14 oct 2014 . Actualizado a las 18:50 h.

Terminó la costera del bonito. Cantidad y buen precio. Hoy ya no son los puertos naturales, como antaño, de dónde sale la flota a faenar. Mi pueblo-galego e mariñano- de San Ciprián, sólo dispone de un barco que hace la costera -Cruz y Cristo de San Ciprián- dónde Paco O Lugués, navega todo el año.

Pero hubo un tiempo que no fue así. Foz, San Ciprián, Rinlo, etcétera, tenían flota bonitera. Tales hechos pueden comprobarse en el Museo Provincial del Mar, obra de Don Francisco Rivera Casás, con la inestimable ayuda de su discípulo José Rey Pernas. Allí puede verse una magnífica colección de fotos, dónde aparecen aquellos boniteros con máquina de vapor, algunos comprados de segunda mano a los vascos, de ahí la matricula que llevan en su casco.

Para saber lo que supuso la costera del bonito, nada mejor que revisar la magnífica obra del discípulo del Maestro, «San Ciprián parroquia de Lieiro»; en su capítulo sobre la pesca, describe su desarrollo, su influencia en nuestro entorno socio económico, la realidad de un puerto que se movía entre la ría del Cobo y el muelle construido en 1939, y que resultaba complicado para aguantar la mar, razones para exigir el muro de la Anxuela. Todo esto lo describe rigurosamente Manuel Barro Quelle.

Aquellos barcos de madera, con ranchos pequeños, en los que la tripulación dormía sobre tablas y en colchones de hoja de maíz, forman parte de nuestra historia. La llegada de un bonitero a tierra, suponía la especulación desde el miramar, de cuantos kilos podía traer, según la estampa que daba en relación al agua. Luego, el rito de la «rula», la descarga desde la bodega hasta el camión, a brazos, la llegada de los víveres, gasoil y el hielo.

El reparto de los «quiñones»

Al finalizar la costera, el reparto de los «quiñones», tras la parte que correspondía a gastos generales (monte mayor) y parte del armador. Pero cada «quiñón» de la marinería, supuso riqueza, cambios en las casas mejorando sus instalaciones, fiesta y consumo, pago de deudas aplazadas en comercios.

Tal situación, no sólo incrementó la renta de los hogares. es que las gentes del interior -parroquias sin mar- se hicieron marineros, sumando a la agricultura, ganadería, y forestal, los ingresos que proporcionaba la mar.

San Ciprián llegó a disponer de más de una treintena de barcos. Los astilleros de la ría estuvieron plenos de cascos trabajados artesanalmente por carpinteros de rivera. Las botaduras de los nuevos pesqueros, siempre eran una fiesta.

Así, en 1986, la lonja de San Ciprián, facturó más de 126 millones de pesetas, de los que casi 70 correspondieron al bonito. En 1987, fueron más de 149 millones, de los que 57 correspondieron a la costera del bonito. En 1988, fueron casi 178 los millones, de los 62, los proporcionó el bonito.