Un vendaval derriba un roble de gran porte en la aldea chantadina de Abral

«Sentimos un asubío moi forte que fixo abeirar as vacas», dicen los vecinos


chantada / la voz

La del viernes pasado fue una tarde de vientos fuertes en buena parte del interior de Galicia, pero probablemente en ningún otro lugar soplaron tan intensamente como en Abral. En esta aldea de Chantada, un vendaval repentino arrancó un roble de grandes dimensiones que al caer provocó destrozos el tejado de un almacén agrícola y se llevó por delante otros árboles más pequeños.

Los restos del roble están hoy troceados y agrupados en dos montones. El tronco y las ramas más gruesas esperan apilados en una carretera cercana al pueblo a que se los lleve un maderista. Lo demás sigue en el lugar en el que estaba este gran árbol, plantado hace 160 años por un abuelo de su actual propietario, Germán Fernández Vázquez.

Germán y su familia estaban en casa el viernes, cuando el viento empezó a arreciar de una forma extraña. «Sentimos un asubío moi forte que viña do río -contaba ayer junto a lo que queda de su árbol-, soaba tan forte que fixo abeirar as vacas». El espanto de los animales no era para menos. El vendaval venía del cauce del Asma, que pasa a doscientos metros de esta aldea de la parroquia de San Xulián do Mato, y movía los árboles peligrosamente. Al lado de la casa de Germán se hizo especialmente intenso y arrancó de cuajo el antiguo roble.

Al caer, el árbol destrozó un peral y un nogal y acabó encima de un alpendre. La estructura aguantó, pero el tejado sufrió importantes destrozos. En esta familia aseguran que el roble llevaba allí exactamente 160 años. Lo saben con exactitud porque la planta la trajo de Santiago en aquella época un familiar de su abuelo.

Los afectados no llegaron a ver bien lo sucedido, así que no quieren hablar directamente de que se trató de un tornado, pero explican que tal como quedó el roble una vez arrancado daba la impresión de que el viento lo había retorcido. En la familia aseguran que no es la primera vez que se producen torbellinos de viento en la zona próxima a Abral. Hace unos años, dicen, uno de estos remolinos hizo volar la hierba agrupada en un pajar.

El viernes fue un día de fuertes vientos en toda esta zona, pero se da la circunstancia de que la estación meteorológica de O Faro, la más cercana a Abral, no fue la que registró las ráfagas más veloces. Aquel día, las instalaciones de Meteogalicia en la cima de ese monte limítrofe entre Chantada y O Deza llegaron a medir vientos de 43,2 kilómetros por hora. En la del monte Marroxo, cerca de Monforte, a cuarenta kilómetros al sur de Abral, alcanzaron los 65,8.

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