«Le dedico al vino mi vida»

Cuando oye pedir una botella suya en un restaurante de Madrid tiene una descarga de adrenalina


vigo / la voz

No es de esa clase de bodegueros enfrascados en el mundo de la enología por moda. Como buena parte de los bodegueros de la comarca, procede de una familia en la que toda la vida se elaboró vino de O Condado de forma artesanal. Eran los tiempos en los que desde Arbo se transportaba a Vigo para darle salida. Como entonces no se podía vivir de ello, su padre optó por emigrar y, al regresar, decidió vivir de la carpintería.

José Simón Ferro, cuenta con orgullo la pasión familiar por la viticultura, algo que vivió desde pequeño. Fue esa pasión la que llevó a su padre en 1975 a elaborar vinos de forma más profesional y a comprar una finca al juez Bernardo Puga, ya fallecido, en la que había constancia de la existencia de viñas ya en el siglo XIX.

Dos años más tarde su progenitor plantó la primera parcela de producción profesional de una hectárea. A partir de ahí comenzó la incorporación de tecnología moderna y se constituyó As Laxas, una bodega dedicada a vinos blancos con albariño y condado.

En ese ambiente era prácticamente imposible que José Simón orientara su vida hacia otros derroteros. Con 18 años y ya implicado en el negocio, decidió cursar estudios, primero de perito agrícola y después de ingeniero agrónomo.

Al terminar la carrera, en 1992, se incorporó plenamente en la empresa familiar, característica que la firma todavía conserva en la actualidad, hasta que en 1998 asumió la gerencia para seguir un proceso imparable de crecimiento.

Precursor de la Denominación de Origen Rías Baixas, ha desarrollado procesos de investigación para apoyar vinos de la zona y ha colaborado con la Universidad de Vigo, así como con la Estación Enológica de Galicia. También fue pionero en la implantación de producción sostenible con la utilización de productos poco tóxicos para el medio ambiente y sistemas de producción integral. «Le dedico al vino mi vida, el ámbito familiar y empresarial se conjugan al cien por cien, vives para la empresa, como la mayoría de los autónomos», comenta.

Afortunado

No cabe duda de que disfruta de poder hacer lo que quiere: «Me considero afortunado por trabajar y desarrollar un proyecto que me gusta en un entorno envidiable, en pleno campo, algo que requiere mucho esfuerzo, pero la satisfacción lo compensa», explica. «Cuando, por ejemplo, vas a Madrid y oyes en la mesa de al lado unas personas que piden el vino por tu nombre, tienes una descarga de adrenalina. Les invitas por la satisfacción que produce. Eso no hay dinero que lo pague», asegura entusiasmado. Ni que decir tiene la sensación que le produce si esa visión tiene lugar en ciudades como Nueva York, donde hace muchos años que circulan sus vinos. Hace siete se embarcó en la elaboración de espumosos a partir de albariño, convirtiéndose en líder en Galicia desde que inició su comercialización.

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