Un invierno muy duro


La gente del mar, sobre todo los pescadores, saben bien que cuando hay un período de bonanza o buen tiempo, como le queramos llamar, es bueno que luego vengan temporales o vendavales, que era como se denominaban antes. Es bueno que entren primero vientos del suroeste, luego convertidos en vientos del oeste y noroeste a media que la baja presión va subiendo hacia el norte... Esos vientos traen la llamada revoltura, el mal tiempo, que cuando pasa mejora las pesquerías.

Lo que ocurre es que este invierno, de los peores que se recuerdan en los últimos 45 años por su duración -casi tres meses-, con sus alertas naranjas, rojas y ciclogénesis, alguna explosiva, fue muy duro y largo y tuvo daños materiales, económicos y, cómo no, personales.

Hablando de la pesca, que es lo que ahora nos preocupa, hay que decir que este sector, al igual que el de la construcción, es una gran cadena que empieza por el barco y sus tripulantes, sigue con la venta en lonja, el transporte, el suministro de combustible y provisiones, los aparejos y las reparaciones y termina con la transformación del pescado. Así que cuando la flota amarra toda esta cadena queda paralizada con sus pérdidas correspondientes.

Pasado este mal período, la flota en su mayoría está pescando -salvo los barcos que por distintos motivos permanecen amarrados- con buenas capturas y precios normales. Deseo que siga siendo así y que faenen todos para recuperar esas pérdidas por los amarres forzosos, que bien lo merecen por sus esfuerzos y sacrificios.

*Torres Colomer es presidente de la Comisión de Agricultura, Pesca y Alimentación en el Senado.

Por José Luis Torres Senador

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