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Revuelta irmandiña con la venia del mariscal

La Voz

AGRICULTURA

XAIME RAMALLAL

Los campesinos irrumpieron en el castillo reclamando a gritos menos impuestos

21 jul 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

En la noche, el castillo de Castro de Ouro (Alfoz) es como un faro guiando al pueblo hasta la fortaleza en la que el obispo de Mondoñedo, Fabrique de Gusmán, oficia en el salón principal las bodas por el rito valeco. El Mariscal Pardo de Cela y su esposa, Isabel de Castro, ocupan los sitiales de honor, rodeados de sus huestes de caballeros. «¡Vive Dios, Mariscal, que nos vas a escuchar!». Hay un grito único y potente que sale del pueblo, ahogado por los impuestos que paga a la nobleza. Con aperos de labranza asaltan la fortaleza e interrumpen la ceremonia, sembrando de temor y tensión el castillo, al que acceden ayudados por arietes y catapultas. La revuelta irmandiña en Alfoz está servida.

En la noche del viernes, el Mariscal logró una tregua. «Mirarei o que poido facer», dijo; pero el pueblo insistió ayer y volvió a tomar la fortaleza. Esta vez fue el prelado mindoniense el interlocutor: «Vai ti a saber se non sería para deixar en evidencia a Pardo de Cela, polas diverxencias entre a mitra mindoniense e o mariscal». Estamos en el año de gracia de 1483.

Alfoz recreó durante dos días tiempos convulsos, y sus vecinos hicieron girar hacia atrás la rueda del tiempo para volver al siglo XV. Así reinventaron su pasado en un mercado medieval que ha crecido mucho en sus quince años de vida. El esfuerzo de la organización es notable. El escenario, impresionante, a los pies del castillo en el que una noche de septiembre de aquel año -dice la historia- fue detenido el mariscal para dejarlo sin cabeza en la plaza de la catedral, en la villa de Mondoñedo. «Din os turistas que non sabemos o que temos», señala Luis Miguel Yáñez desde la organización, mientras vigila la justa de caballeros. Mucho por delante para disfrutar.