Un gallego descubre cómo el párkinson se propaga al cerebro

La acción de los pesticidas altera una proteína que propicia la enfermedad


Redacción / La Voz

El párkinson empieza en el intestino por la exposición prolongada a los pesticidas que interaccionan con las mitocondrias de las células intestinales y desde ahí se propaga al cerebro, donde se produce la muerte de las neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra cerebral. Esta teoría fue demostrada hace dos años por el investigador gallego Francisco Pan-Montojo, con lo que también se confirmaban estudios precedentes que relacionaban a los pesticidas como una de las principales causas de la enfermedad. Pero faltaba por conocer lo más importante: cómo ocurre este proceso, cuál es el mecanismo patogénico que permite la progresión de la patología a partir del efecto nocivo de los pesticidas.

Y esto es lo que Pan-Montojo, que dirige un grupo de párkinson en la universidad alemana de Dresde, acaba de descubrir en un nuevo trabajo que ha sido publicado en la revista Nature Science Reports. La clave radica en una proteína, la sinucleína alpha, que se ve modificada por la acción de los pesticidas hasta el punto de que es expulsada de las neuronas intestinales al espacio extracelular, desde donde es captada por otras neuronas y terminaciones cerebrales del sistema central que la transportan al cerebro.

Diagnóstico precoz

El hallazgo, probado en ratones, abre la vía para el diagnóstico precoz del párkinson a partir de la detección de la proteína alterada y para el desarrollo de fármacos que inhiban la acción de la proteína e impidan la progresión de la enfermedad. «Si puedes desarrollar fármacos que afecten al transporte de esta proteína perjudicial o a su formación puedes conseguir que la progresión de la enfermedad se pare», explica el científico. Pan-Montojo ya está trabajando en el diseño de un fármaco en colaboración con la Universidad de Múnich.

«Nuestros datos -resalta-, que fueron confirmados en ratones, sugieren que esta progresión se realiza a través de los nervios que conectan el intestino con el sistema nervioso central». Este es el esquema general, pero el diseño de un sistema in vitro por parte de los investigadores ofrece más matices. «Los pesticidas -aclara el investigador coruñés y ex becario de la Fundación Barrié- interaccionan con la mitocondria de la célula, lo que le provoca un estrés oxidativo que, a su vez, modifica la proteína sinucleina alpha, con lo que se tiende a agregar y es expulsada de la célula. Luego es captada por otras células del entorno, incluyendo las terminaciones nerviosas de las neuronas del sistema central, se incorporan a su núcleo y, desde ahí, son transportadas al cerebro».

El estudio ofrece una nueva confirmación de la relación directa entre los pesticidas y el párkinson, lo que, a juicio de Pan-Montojo, debe suponer una llamada de atención a los políticos y autoridades medioambientales. «Es necesario -apunta- determinar qué componentes se pueden utilizar en agricultura y cuáles no».

Pero los ciudadanos también pueden adoptar sus propias precauciones, como lavar adecuadamente las frutas y las verduras para minimizar el potencial efecto de los pesticidas.

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