Lobos que cazan en la huerta de casa

La ganadería de la familia Lijó se hundió por los ataques de cánidos. Ahora, estos depredadores matan a sus pocas ovejas a escasos metros del hogar


NOIa / LA VOZ

En Barbanza, además de buenas playas hay una gran montaña. Aquí la población es netamente rural, se aglutina en pequeños núcleos monte arriba, y convive históricamente con la agricultura y la ganadería. La familia Lijó, de Porto do Son, es un ejemplo. Desde hace varias generaciones, y hasta hace pocos meses ganaba una necesaria renta gracias a la comercialización de ganado. Pero este escenario ahora se ha truncado. En primavera tuvo cerrar el negocio y vender en Zamora a los animales que le quedaban tras cinco años de pérdidas causadas por el intermitente pero constante ataque de los lobos.

El problema tuvo una difícil digestión para esta familia de As Trabes, lugar emplazado en la la parroquia de Xuño, que desde entonces ha seguido conviviendo, incluso en la huerta de su casa, con la presencia de estos depredadores. «Tiñamos máis dun centenar de vacas nas fincas e agora temos tres ou catro para consumo doméstico nas cuadras de casa. Pastan aquí, ao lado da casa, no mesmo sitio onde o fan as poucas ovellas que nos quedan. Foi aí onde vin o lobo fai unhas semanas. Eu estaba na cociña e cando me din conta xa matara a tres ovellas pequenas e unha cabra», explica Ramón Lijó.

Este sonense de 74 años se ha dedicado desde niño al pastoreo. Conoce el espacio y se mueve por el monte, lento, sin medio y seguro, a pesar de su reciente operación en una de sus piernas. Cuenta que los lobos habitan en Barbanza desde hace más de sesenta años, pero señala que cuando el nació, hace casi 75, no los había.

Antes y ahora

Aun así, su experiencia y conocimiento de la sierra en la que habita le permiten hacer comparativas: «Nunca tivemos tantos como agora. Está o de sempre e o híbrido. As manadas aumentaron en número e xa non hai tantos coellos como antes. Con este panorama a situación é clara: van onde faga falta en busca de comida. Incluso as casas».

Ricardo es uno de los hijos de Ramón. Heredó de su padre el negocio familiar. En 1980, cuenta, su ganadería estaba formada por un centenar de vacas y cerca de 70 caballos. La cosa siempre fue bien hasta hace varios años, cuando la presencia del lobo aumentó en los montes de forma proporcional a los ataques. «Foi pouco a pouco, pero sen pausa, ata antes deste verán. Foi entón cando vendín todo, ao non poder asumir tantas perdas» confiesa.

Lo explica en un finca cercana a la concurrida carretera AC-550, que vertebra el municipio sonense con Ribeira y Noia. Aquí, la población ronda las 400 personas y el lobo, al igual que el jabalí, hace acto de presencia cada vez con más frecuencia: «Antes non chegaba ata esta zona. Quedábase na montaña e se buscaba a vida ou facía algún ataque esporádico. Aquí estamos ao carón do mar e iso non o recorda ninguén en Xuño».

El drama de la familia Lijó es el más agudo de todos los que están viviendo los ganaderos Barbanza. En total, estos comuneros poseen más de tres mil cabezas de ganado, de las cuales, en el 2011, dicen que fueron atacadas hasta alcanzar la muerte un centenar.

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