«A primeira vez que collín o tractor fun en primeira todo o día e os veciños non paraban de rir»

Maripepa se ríe abiertamente cuando le preguntan a qué edad empezó a trabajar.


Maripepa se ríe abiertamente cuando le preguntan a qué edad empezó a trabajar y con la simpatía que demuestra a lo largo de toda la conversación responde ágil, con retranca: «Miña nena, cando eu nacín empezábase a traballar case antes de botar a andar». De eso, cuenta después de hacerse de rogar con coquetería, hace ya 81 años, «un 5 de maio» en una pequeña aldea de la parroquia vimiancesa de Serramo, y pese a los múltiples achaques que enumera con resignación, su cuerpo es casi tan ágil como su mente. Lo demuestra cuando, sin ayuda -«non fai falla, que non estou tan vella», dice con picardía-, se sube casi de un salto al viejo tractor Barreiros de 37 caballos que conserva la familia. Aparcado junto a la modernísima maquinaria de la empresa forestal de su hijo pequeño, el veterano vehículo agrícola permanece parado desde hace algún tiempo y ahora solo lo utilizan para partir leña, pero hasta hace poco era manejado con pericia por Maripepa, quien confiesa que no se le daba nada mal. Y eso que, explica, aprendió a conducirlo tarde y fue su hijo Braulio, siendo un niño, quien le enseñó. «Íamos os dous pola herba e o tractor levábao o neno, ata que un día pedinlle que me ensinara, que eu tamén quería facelo», recuerda.

De eso, cuenta echando la vista atrás, hace ya más de treinta años, recién comprado el tractor -«era de segunda man e xa era tan vello coma agora»- y en una semana ya no necesitó copiloto. «O primeiro día que o collín fun en primeira todo o día e os veciños ríanse de min, o segundo día xa lle metín a segunda e aos sete días marchei soa», cuenta. Fue precisamente al séptimo día cuando su marido, Manuel, se enteró de que su esposa se había hecho con el volante. «Non llo dixen antes por se non me deixaba», confiesa ella.

Desde entonces y hasta hoy Maripepa no ha parado, compaginó el cuidado de sus seis hijos (hoy tiene también 12 nietos y 2 bisnietos) con una taberna, una pequeña tienda, las innumerables labores del hogar y, además, con los trabajos en el campo. Tenía vacas y también ovejas y todavía hoy sigue ocupándose de muchas de las tareas que ha ido acumulando a lo largo de su vida, aunque ella trate de quitarle importancia a todo lo que hace. «Vivo co fillo e coa nora e eles son moi traballadores, así que non queren que faga nada, por iso este ano Manuel e mais eu só plantamos ferrado e medio de patacas», dice con una sonrisa, como si se hubiese limitado a abonar unas pequeñas macetas. En su apretada agenda ha incluido también viajes periódicos a Vimianzo -«para ir aos recados ou ao médico»-, un trayecto que hace conduciendo su segundo microcoche. «O primeiro compreino hai once anos, porque non quería molestar na casa», explica. Aprender a llevarlo le llevó mucho menos que el viejo Barreiros y, como con el tractor, asegura que no se le da nada mal. «Non son mala condutora, non», concluye riendo.

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«A primeira vez que collín o tractor fun en primeira todo o día e os veciños non paraban de rir»