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Tiempo de poda en las viñas de la Ribeira Sacra, diez errores que deben evitarse

Luis Díaz
LUIS DÍAZ MONFORTE / LA VOZ

SOMOS AGRO

Los expertos vinculan la creciente propagación de enfermedades de la madera a malas prácticas los viticultores

25 ene 2023 . Actualizado a las 20:02 h.

La hoja del 22 de enero no es una más del calendario del viñedo. Ese día se celebra la festividad de San Vicente, patrón de los viticultores. La tradición dice que a partir de esa fecha no se puede demorar la poda. En dos meses las cepas saldrán de su letargo invernal y los cortes que ahora ayudan a regular la futura cosecha solo valdrán para debilitar las vides. Cuando el frío retrae la circulación de la savia es hora de podar, una técnica compleja de la que depende la salud de la viña. Evitar algunos errores ayuda a alargar su vida.

Ni muy pronto ni muy tarde. Hay tantas formas de poda como teorías sobre el momento adecuado para iniciarla. Hay estudios que aconsejan adelantarla para prevenir ataques de hongos en los cortes en las vides. Otros, paradójicamente, abogan por retrasarla para lograr ese mismo fin. La poda no debe iniciarse hasta que se completa la caída de la hoja. En otoños templados, como el pasado, no conviene anticiparse para evitar el sangrado de la savia que aún sigue circulando si las temperaturas son suaves. En zonas altas suele retrasarse para postergar la brotación y evitar los daños por las heladas primaverales. Hay viticultores de la ribera del Cabe en Sober que no empiezan a podar hasta la festividad de San José. Las viñas más abrigadas no tienen ese problema.

 No todas las variedades son iguales. La ubicación de las yemas que darán fruto no es la misma en una variedad que en otra. Una poda corta en una cepa de brancellao traerá consigo mucha madera y muy poca uva. En la mencía, por el contrario, dejar demasiadas yemas puede provocar una sobreproducción que merma la calidad de la uva y la vida de la cepa. Las vides sufren en su desarrollo las consecuencias de un exceso o de un deficiente reparto de la carga de racimos que les deja la poda.

  

Pulgares o vara, todo depende. No todas las viñas —e incluso las cepas individualmente— responden del mismo modo a un tipo de poda. La de pulgares, con dos yemas fértiles en cada uno de ellos, es la más extendida en la actualidad. Hay terrenos, sin embargo, donde da mejores resultados la denominada poda jerezana, la más clásica en la Ribeira Sacra, con un pulgar y una vara más larga y de mayor número de yemas. Si la vid muestra falta de vigor, es que el sistema elegido no es adecuado para ella. Persistir en una poda errónea hará que se debilite todavía más.

El arqueado de la vara no es un capricho. La poda jerezana requiere doblegar la vara —mediante su atado a una estaca o al alambre de una conducción en espaldera— para que no quede completamente recta. En ese último caso, la savia circula libremente hacia el extremo contrario al pie de la cepa y fortalece solo los brotes más alejados. Los brazos, de ese modo, se van alargando innecesariamente. Los drásticos cortes a los que se recurre luego para enmendar ese error son un foco de infecciones.

Los expertos aconsejan dejar un pulgar por detrás de la vara para cortar esta última al año siguiente y tener donde podar cerca del cuerpo principal. No es un recurso del que se echase mano tradicionalmente en Amandi. De ahí «os brazos retortos de moita cepa vella», apunta el viticultor de esa subzona Xesús Verao.

Ojo con el corte, no vale en cualquier sitio. El portal de publicaciones de la web de la Consellería de Medio Rural permite acceder al libro de Apuntes sobre viticultura y enología que publicó en el 1995 la estación de Leiro bajo la coordinación de Xosé Carballido. Una de sus recomendaciones es que los cortes de los sarmientos se realicen siempre por el entrenudo superior a la última yema. A esa altura, es más difícil la contaminación por humedad de las heridas.

  

Los rebajes, mejor poco a poco. Los cortes de gran envergadura al ras del cuerpo principal de la cepa suelen tener consecuencias funestas por el elevado riesgo de infecciones por hongos. Los expertos aconsejan hacerlos de forma gradual. Eliminar primero la parte más alejada del cuerpo principal e ir cortando la madera sobrante en años sucesivos y una vez seca. «Es mejor hacerlo en varias podas y no a la brava, arrimando el corte a la cepa», recalca Alfonso Losada, durante años jefe del área de viticultura en el centro de investigación de la Xunta en Leiro.

  

Hay que desinfectar tijeras y serruchos. La contaminación de las herramientas de poda propaga en las cepas sanas enfermedades de la madera ahora muy extendidas, como la armillaria o la excoriosis, advierte el ingeniero agrónomo Victoriano Pérez Vázquez. Frente a este riesgo, lo ideal es desinfectar con alcohol o agua oxigenada tijeras y serruchos cada vez que se practiquen cortes en vides sospechosas de estar contaminadas.

La meteorología también influye. El riesgo de contaminación por hongos es especialmente elevado con tiempo húmedo y lluvioso, por lo que los especialistas desaconsejan realizar la poda de la vid en esas condiciones. Tampoco es recomendable realizar estas labores con heladas extremadamente fuertes. El corte debe ser siempre liso y limpio si se quieren evitar infecciones, y con hielo lo normal es que la madera quiebre con mucha mayor facilidad.

  

Las vides enfermas, para el final. Si se quiere evitar la propagación de enfermedades en la viña, lo ideal es marcar de algún modo las cepas sospechosas de estar contaminadas y dejarlas para el final, cuando ya se realizaron los cortes en las otras. También es aconsejable llevar un pulverizador para aplicar a la vid un tratamiento preventivo nada más podarla. Las infecciones por hongos suelen producirse en las veinticuatro horas posteriores al corte, cuando aún no sellaron las heridas.

  

Los restos de poda, el eterno dilema. Los especialistas en viticultura aconsejan quemar los restos de poda para evitar la propagación de enfermedades. En zonas vitícolas europeas más septentrionales como el Mosela, donde la incidencia del frío atenúa la profusión de hongos, es habitual trocear los sarmientos para que sirvan de abono, tal y como se hizo tradicionalmente en la Ribeira Sacra. En este último caso, conviene desechar los restos que procedan de cepas con algún síntoma de contaminación para evitar que las enfermedades se propaguen.