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Leishmaniosis, otro riesgo laboral para los perros que cuidan el ganado

María Cedrón REDACCIÓN

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MONICA IRAGO

La incidencia de la enfermedad crece en Galicia por el cambio climático. El riesgo no solo se queda en el campo, también está en las ciudades.

03 jun 2021 . Actualizado a las 10:01 h.

Los perros pastores, esos que son fieles trabajadores del campo, los mastines que protegen al ganado de los ataques del lobo o los pequeños mestizos que son la alarma más tradicional de las casas de aldea también han de enfrentarse a riesgos laborales derivados de su actividad. Y hay uno que no solo les afecta a ellos, también a los canes de ciudad. Hasta puede llegar a sus dueños. El riesgo lo trae volando un pequeño insecto, el feblotomo, que es el vector transmisor de la leishmaniosis, la segunda enfermedad más importante transmitida por un parásito protozoo después de la malaria cuya incidencia no deja de crecer en Galicia debido al cambio climático. De hecho, Ourense es una de las provincias con un nivel de prevalencia mayor de España. Anteayer, martes, se celebró el día mundial de esta zoonosis olvidada y para que no se olvide desde MSD Animal Health han organizado la III Semana de la lucha frente a la leishmaniosis. Todo para que no se convierta en un problema de salud pública.

«Históricamente no había incidencia de esta enfermedad en el norte de la Península, pero ahora tenemos tanto el vector (el insecto) como reservorio. En zonas de Galicia como Ourense, la prevalencia puede llegar a más del 30 %», explica Federica Burgio, de MSD Animal Health. En el conjunto de la comunidad ese índice se mueve en una media de entre el 1,6% hasta el 24,3%, según los datos que maneja MSD Animal Health. De ahí que la prevención es muy urgente para evitar que la enfermedad llegue a humanos. De hecho, en Madrid han detectado el mayor brote en humanos de la UE.

En las zonas rurales, por ejemplo, los perros están expuestos durante mucho más tiempo al insecto. Más allá de que los animales domésticos o el ganado puedan tener una interrelación con animales salvajes, que también son un reservorio de la patología. «El insecto que lo transmite es más activo al anochecer y al amanecer y puede dar unas 100 picaduras por hora a un perro. Entonces el riesgo de un animal que esté trabajando en el campo todo el día es mayor. No quiere decir eso que un perro que vive en un piso de una ciudad no tenga también sus riesgos, aunque no lo paseemos en la franja horaria con más peligro», apunta la XX.