Nutri-Score, el etiquetado que no convence ni a nutricionistas, ni a denominaciones de origen

Consideran que no valora adecuadamente los alimentos y que no se adapta a la dieta mediterránea


Redacción / La Voz

La futura implantación en España del semáforo nutricional Nutri-Score, el sistema de etiquetado frontal con el que se quieren valorar las características de los productos alimentarios, está encontrándose cada vez con más detractores. Primero fueron los elaboradores de aceite de oliva, que solicitaron al Ministerio de Consumo quedar fuera de este sistema. Ahora, han sido las denominaciones de origen de toda España las que también reclamaron quedar al margen. Y ni siquiera la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética (Fesnad) le ve ventajas a una calificación que «no se adapta a la dieta mediterránea», argumenta Ascensión Marcos, vocal de la junta directiva.

En vista de que España tiene pensando implantar la obligatoriedad del Nutri-Score, Fesnad ha evaluado a fondo este sistema de etiquetado frontal, que se basa en un algoritmo que otorga puntos positivos y negativos a un alimento en función de su composición. «El algoritmo no es claro, ya que está calculado a partir de la cantidad de energía de algunos nutrientes, sin considerar la porción o la frecuencia de consumo», asegura Marcos. Considera que tampoco está «bien ponderado, ni tiene en cuenta el grado de procesamiento de los alimentos, ni diferencia la calidad y procedencia de las diferentes proteínas».

No diferencia las grasas

Otro de los peros que le ven a este etiquetado es que no diferencia la cantidad y calidad de las grasas presentes, lo que provoca que productos como el aceite de oliva obtengan una calificación deficiente. En definitiva, este sistema de calificación «no se adapta a la dieta mediterránea» y es preciso «mejorar los criterios nutricionales de implantación» de este código en España.

En el mismo sentido se ha pronunciado la Asociación Española de Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas (Origen España), que agrupa a varias indicaciones de calidad gallegas, como los quesos, el Pan de Cea o la miel. Esta entidad ha demandando que los productos agroalimentarios con esquema de calidad diferenciada queden excluidos de este etiquetado. Está de acuerdo con la necesidad de ofrecer a los consumidores sistemas de etiquetado claros, pero considera que, tal y como está formulado, Nutri-Score «puede ser muy perjudicial para los productos agroalimentarios con sellos de calidad».

Origen España argumenta que estos alimentos tienen características diferenciales muy valoradas por los consumidores y que sería inviable reformular sus elaboraciones en caso de que quisieran optar a una escala más benévola del semáforo, porque no podrían seguir presumiendo de sus distintivo. Por eso proponen que estos productos «queden excluidos de este etiquetado, como alimentos tradicionales, con historia y valores diferenciales», concluyen.

El etiquetado Nutriscore complica la vida a los alimentos de un solo ingrediente

C. Vallejo

El Ejecutivo salva al aceite de oliva de tener que acreditar su calidad, pero es posible que más productos demanden ese mismo trato

El algoritmo detrás de Nutriscore, la etiqueta frontal que podrán llevar los alimentos en España para acreditar su calidad nutricional una vez el Gobierno dé luz verde al proyecto, ya ha dado algún quebradero de cabeza. En concreto, con el aceite de oliva. Pero podría no ser el único. Alberto Garzón, el titular del Ministerio de Consumo, aclaró esta semana que el aceite de oliva no deberá llevar ese etiquetado que lo calificaría como un alimento C en una escala que va desde la A hasta la E, dado que el algoritmo lo considera como una grasa, en los mismos términos que el aceite de colza, y no tiene en cuenta su calidad real o las recomendaciones de los nutricionistas. Garzón defendió que «en ningún caso el sector del aceite se va a ver obligado a poner una etiqueta contraria» a una evidencia «científica» como es que «el aceite es bueno para la salud, y no puede haber ninguna etiqueta que diga que es malo». Preocupa, fundamentalmente, el daño que a efectos de exportaciones puede sufrir el aceite por causa del etiquetado.

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