20 años del centro que une el desarrollo del campo y el respeto al medio ambiente

El Ibader, con sede en Lugo, trabaja en proyectos en Galicia y en el extranjero

La Casa da Granxa es sede del Ibader desde el 2010
La Casa da Granxa es sede del Ibader desde el 2010

LUGO / LA VOZ

Biodiversidad y desarrollo son conceptos que pueden convivir perfectamente y que empiezan a ir cerca en la mentalidad del siglo XXI. Un ejemplo promovido en Lugo ciudad hace 20 años muestra que las dos ideas son capaces de aparecer en un mismo nombre y de convertirse en dos polos sobre los que gira la actividad de un organismo.

En marzo del 2001 se creaba el Instituto de Biodiversidade Agraria e Desenvolvemento Rural. Entonces nacía sobre el papel, pues se redactaba el decreto de su creación, publicado semanas después en el Diario Oficial de Galicia. Un año después, en un acto celebrado en Lugo, se constituía el consejo de gobierno de un centro en cuya creación intervenían la Universidade de Santiago de Compostela (USC), la Xunta y la Diputación. Francisco Maseda fue el primer director.

Pablo Ramil, actual responsable, subraya que el progreso del campo no está ni puede estar de espaldas al cuidado ambiental. «La conservación del medio rural está ligada con la de la biodiversidad», afirma. Es una idea presente en el centro desde el comienzo y tan presente hoy como en sus primeros momentos. Ese punto de vista fue innovador, recuerda Ramil, que no duda de la validez de ese criterio. «Estoy orgulloso de seguir defendiéndolo», dice.

Si había, a comienzos de siglo, ciertas reticencias sobre la unión de biodiversidad y desarrollo rural, parecen más bien superadas. Ramil destaca que ambas facetas se han incorporado de manera homogénea a la actividad, y agrega que las posibles reservas de la población parecen fáciles de superar. Los vecinos de un lugar donde se realizan actividades de cuidado o de recuperación ambiental suelen querer que les detallen el trabajo previsto. «Hay que tomarse su tiempo en explicarlo; pero lo que hemos encontrado es colaboración, no rechazo», declara. Un ejemplo del ánimo favorable ha sido la reciente recuperación de la Lagoa do Rei, en Rábade: tanto vecinos como el alcalde, Francisco Fernández Montes, reaccionaron de manera entusiasta.

 Trabajos de Tragsa

El Ibader realiza proyectos y asesora, pero no ejecuta trabajos. Iniciativas como la recuperación del citado humedal rabadense contaron con la participación del instituto, pero de las obras se encargó Tragsa. Esa actuación formó parte del programa LIFE fluvial. En la cuenca de otro río, el Eo, se están realizando trabajos de retirada de especies invasoras, con acciones que se llevan a cabo en municipios gallegos y asturianos.

La Lagoa do Rei está situada en el territorio de la Reserva de la Biosfera Terras do Miño, y el Eo y sus afluentes, en la reserva Eo, Oscos e Terras de Burón. La primera de ellas, con el curso alto del río Miño como eje, se creó cuando el Ibader iniciaba su actividad; la otra, años después. Ramil apunta que la consecución de esas figuras de protección, que concede la Unesco, supuso un antes y un después en la idea de cuidado del medio ambiente. «Las reservas se preocupan del desarrollo y de la biodiversidad; sus criterios encajan con los del Ibader», dice Ramil. El instituto que dirige no solo colabora con esas dos reservas sino también con Mariñas Coruñesas e Terras do Mandeo.

La Lagoa do Rei, en Rábade, fue recuperada recientemente con intervención del Ibader
La Lagoa do Rei, en Rábade, fue recuperada recientemente con intervención del Ibader

También la recuperación de la laguna de Cospeito, un proceso iniciado en los años noventa, está relacionada con el Ibader. Aunque el organismo no se había creado entonces, personal que luego se incorporó al instituto trabajó en la restauración del humedal. La laguna se había visto alterada por proyectos impulsados por el Ministerio de Agricultura en décadas anteriores, coincidiendo con el plan de colonización de la Terra Chá. Ahora es un espacio cuya riqueza de flora y de fauna lo convierten en una referencia internacional.

 «Proyecto de país»

«Hay proyecto de país». Es una expresión que pronuncia Ramil recordando que la empleaba el fallecido Rafael Crecente, profesor de la Escola Politécnica Superior (EPS) de Lugo y persona vinculada con el Ibader. Las iniciativas en las que participa el Ibader se centran en Galicia, pero algunas también se llevan a cabo con participación de otros países. Ahora, detalla Ramil, se está trabajando en un plan de cooperación con Irlanda, centrado en las turbeiras, y también se colabora con Francia en un proyecto de conservación del cardo da ribeira, especie presente en el entorno de la laguna de Cospeito.

En otras comunidades hay organismos similares, aunque cambia, según los casos, el matiz de dar prioridad al desarrollo rural o al cuidado de la biodiversidad. Lo que en Galicia no parece cambiar, más allá de siglas políticas, es el interés por el trabajo del Ibader y la disposición a colaborar con el organismo. Ramil cita un episodio para mostrar esa actitud: el Ibader necesitaba una lancha para trabajos en la orilla asturiana del Eo; el Ayuntamiento de Castropol no la tenía y se la consiguió el de Ribadeo.

Las insuas do Miño, un trabajo de recuperación que incluyó la compra

El trabajo realizado en las insuas do Miño, situadas en el tramo del río que pasa por Rábade y por Outeiro de Rei, contó también con la participación del Ibader. Se retiraron plantas exóticas y se trazó un plan de uso público de esos terrenos, que dejaron de ser privados: la Diputación compró las insuas utilizando fondos de la Unión Europea, recuerda Ramil. El director del Ibader explica que ese es un ejemplo de cambio, puesto que un terreno que se había ido degradando es hoy uno de los más importantes del alto Miño desde el punto de vista ambiental.

El asesoramiento que el instituto presta a diversas entidades facilita el contacto con administraciones. Ramil resalta que los alcaldes suelen acudir de buen grado y con buena predisposición a las reuniones en las que está presente personal del Ibader. Los responsables municipales reciben información, aunque, agrega Ramil, a veces es más difícil que la consiga un vecino de algunas zonas. Esa dificultad puede generar algún reparo, finalmente superado por lo general. «El rechazo puede darse por la falta de información o de un interlocutor. La gente quiere información, y la gente que vive en zonas rurales no tiene acceso a la administración», dice.

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