El girasol ya florece en la Terra Chá

La planta aporta energía y crece en tierras donde el maíz se desarrolla poco

Jaime González está satisfecho del resultado de la primera campaña, aunque espera que no se malogre al final por lluvia o viento.
Jaime González está satisfecho del resultado de la primera campaña, aunque espera que no se malogre al final por lluvia o viento.

VILALBA / LA VOZ

El cultivo de girasol abunda en la España seca —Andalucía y Castilla-La Mancha—, y alguna estadística indica que la superficie cultivada ha descendido en los últimos 25 años. Frente a esas características, empieza a verse en zonas de la España verde en las que la actividad ganadera es relevante.

Jaime González, vecino de Xustás (Cospeito), es un ejemplo de esa situación. Este año decidió dedicar a girasol tres fincas —dos están en esa parroquia, y otra, en la cercana de Triabá (Castro de Rei)— en las que antes se cultivaba maíz. Son en total 5,5 hectáreas de terreno las que están a punto de dar la primera cosecha, que se prevé recoger a finales de este mes.

La razón por la que se acordó el cambio fue la dificultad del maíz para crecer en esas fincas. «Non é aquela boa terra para o millo», comenta este ganadero, cuya explotación tiene en total unas 210 cabezas, de las que 130 están en producción lechera.

El girasol no ha encontrado esas dificultades para desarrollarse. De mantenerse las estimaciones actuales, se logrará una cosecha cercana a los 30.000 kilos —entre 5.000 y 6.000 kilos cada hectárea—. Las semillas, que pertenecen a una variedad forrajera, se compraron en una tienda cercana, en Castro de Ribeiras de Lea, y el cultivo empezó a finales de junio.

El proceso, explica González, no ha sido muy diferente del que se sigue con el maíz. Purín y urea —unos cien kilos de ese fertilizante por hectárea— son los abonos de la planta, que hasta ahora se ha visto libre de enfermedades. El enemigo del girasol son las hierbas, y los herbicidas no son tan eficaces como sí resultan cuando se aplican en el maíz.

El uso de la cosecha, que se ensilará, está claro. Se usará en la alimentación de las vacas siguiendo los criterios del nutricionista asesor de la explotación. Cada vaca de producción lechera consume cada día unos 30 kilos de maíz, seis de silo de hierba y 16 de pienso. Una vez terminada esta primera campaña, la introducción de girasol servirá previsiblemente para rebajar la aportación de maíz, aunque los detalles no se precisarán hasta entonces.

«Haberá que meter máis ou menos en función da proteína e, sobre todo, en función da enerxía que teña», afirma el ganadero. La impresión de la primera cosecha parece buena, aunque las últimas semanas también resultarán decisivas. Un tiempo marcado por la lluvia y por el viento doblaría la cabeza, que es —frente al maíz, en el que lo bueno es la espiga— la parte valiosa de la planta. Lo que sí le ha dado por ahora el cultivo es tranquilidad, puesto que el girasol ha estado a salvo de los ataques del jabalí, que sí ha dañado cercanas fincas dedicadas a maíz.

Así, no ha tenido que preocuparse de la colocación de pastores eléctricos o de otras medidas de protección, y sí, en cambio, ha despertado cierta expectación: algunos ganaderos le han preguntado por la cosecha, y Jaime González cuenta que les ha mostrado una impresión favorable pero que los resultados concretos y definitivos se verán cuando el girasol se incorpore a la alimentación del ganado.

Una medida con la que se espera reducir costes

Las vacas en ordeño de la explotación dan una media de 44 litros de leche al día. El girasol que ahora se cultiva se introducirá en la alimentación según las pautas del nutricionista, y el responsable de la granja prevé que así se reduzcan algunos costes y se aumente el beneficio. «Veremos se así se rebaixa o prezo da ración», explica González, que subraya la importancia de la medida para mitigar las consecuencias de vaivenes en los precios de la leche.

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